:
me anima
estrenar tenis nuevos,
recién salidos
de su caja,
si son de gamuza,
mejor aún,
con algún diseño
extravagante
.
no me anima
que les falte gracia
(los modelos en blanco,
sin al menos
una línea de color
para atenuar el salvajismo
de los zapatos escolares,
por ejemplo)
.
pero sí me anima
ponerles las agujetas
con la disposición
que me entusiasma,
y caminarlos
hasta que adopten
la forma de mis pies,
e incluso lograr
una erosión visible
producto de mi andar
.
tampoco me anima
regalarlos,
aunque estén viejos,
desguanzados,
y menos aún enterarme
que los regalaron
sin yo consentirlo,
intuyendo
(¡con razón!)
que no los dejaría ir
.
tengo una relación
de afecto con mis tenis
(con los zapatos, no)
aunque suene ridículo,
ya tengo edad
para permitirme serlo
y emplear unos versos
─que a nadie le cuestan─,
para confesar que tengo libros
¡sí! ¡incluso, demasiados!
pero guardo espacio
en el armario para los tenis
que llegan a la casa
de un hombre solitario,
sin otra felicidad
que ir por el mundo
con agradecimiento
a sus tenis por el servicio
que le prestan,
sin proponérselo siquiera,
con el heroísmo
de los robles
a la mitad del valle
Felicidades. Tu obra poética se consolida en cada entrega.
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