:
cortaré mi cabello a rape
para ayudarlo en la huida,
ahora que se retira
sin despedirse siquiera
.
lo mismo haría con los dientes
que no dejan de molestar,
aunque me aterra el dentista
con ese instrumental
forjado en las llamas
de un infierno blanco
.
me falta el coraje necesario
y aún prefiero estos dientes,
todos casi podridos,
que asustan a los jóvenes y a los niños
(en especial a los primeros
por su vanidad sin límites),
a portar los huecos de la calavera
que ya pelea por asomarse
.
o acaso no haga nada
y me quedaré en paz
con esta meditación inútil,
como casi todas
las que puedan hacerse
sobre la vida que con ilusión
elegimos llamar «nuestra»
cada viernes por la tarde
Cuarto verso: ¿sin SIQUIERA?
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