Me parece natural que te hayas inclinado por las letras y no por la pintura, como deseabas en un inicio. Además de que nadie te orientó, el entorno se dedicó a ponerte más piedras en el camino —empezando por la familia. No había libros en la casa familiar más allá de los que pedían en la escuela: la Comedia, el Quijote, la Biblia. Todos en ediciones económicas de letra minúscula e impresos en un papel que orillaba al abandono. Pero ahí estaban al alcance, finalmente. Todo lo que tuviste que hacer fue abrirlos para atizar las llamas y hacer que creciera ese fuego. ¿Habrías escrito sin las dificultades que encontraste para formarte como lector y después como autor? Es posible que no. Ese instinto de rebeldía te orilló a saltar por encima de los diques y te dio la fortaleza para desarrollar resistencias. La felicidad de un entorno propicio te hubiera restado voluntad para actuar. Te habría pacificado al punto de quedar como otro espíritu sofisticado y nada más. Como tantos que son capaces de disfrutar con las delicias del espíritu, aunque resultan ineptos para emprender un objeto personal y llevarlo hasta su conclusión. Aquí radica la diferencia. Eso que suelen llamar “musa” no es más que una obstinación de la voluntad. ¿Actuaríamos sin las fronteras que nos impiden el paso? Reservar espacios motiva la curiosidad y aviva el juicio. Tuviste la suerte de recibir un cerebro generoso y una memoria potenciada. Puedes ordenar mucha información en poco tiempo. Una cualidad que puede ser entendida como una fortuna o una condena. Pero es un bastón que te ayudó a salir adelante. Sin él te habrías enredado en las cuerdas de ensoñaciones y deseos, los cuales actúan más fuerte cuando están insatisfechos. La escritura se volvió una actividad soterrada y palpitante. Escribir un párrafo equivalía a imponerse al mundo. Visto en perspectiva, nada ha cambiado. Este texto, por ejemplo, es una serie de golpes a un costal de arena. Aprenderás que actuar persiguiendo una aspiración literaria implica concentrar fuerzas para dejarlas ir en cada página, de manera gradual. Lo que te formará como autor será la capacidad de aglutinar esa energía, a partir de lecturas y experiencias vitales para darle una forma deseada. Quedarás definido por tu historia personal, pero también por el tamaño de tus aspiraciones. Una obra lograda es una secuencia de obstinaciones. Aún recuerdo las primeras lecturas que te causarán un impacto memorable. Todas estaban relacionadas con la exaltación de la rebeldía como principio vital. En la negación del orden existente hallarás la afirmación de tu persona. Una paradoja que se trenzará con los actos de tu vida. No vivirás como los demás autores y esto hará de tu tentativa una forma particularísima, que no por ser tal concluirá más original o valiosa. Y aún con todo debes saber que no eres el único que se enfrentará a la adversidad para practicar una disciplina artística. Los obstáculos son parte integral de afrontar el mundo para escribir. Tendrás muchas desilusiones y desencuentros. Hay tantos practicantes de la escritura que manifestar tu interés por ella no cambiará en nada la percepción que los demás tengan de ti. En silencio sabrás que eres distinto, pues llevas encendido un principio asociativo de palabras. Por extraño que parezca a la distancia, será el marqués de Sade quien te abrirá las puertas de la gran literatura. Esto es una ventaja y a un tiempo una condena. Tendrás la idea de que escribir es una transgresión, en lo cual hay algo de verdad, pero también es un oficio dentro de una sociedad organizada. Es posible dedicarse a escribir. No es tan sólo un acto de rebeldía o una manía por deletrear el mundo. Te lo refiero porque esta visión determinará una trayectoria de lector y, por tanto, de autor. El lado oculto de la realidad puede nutrirse de palabras. Tu aversión por los deportes de equipo y ese carácter silencioso y meditabundo serán el abono perfecto para hacer que germine el retoño de un proyecto de escritor. Luego descubrirás que serlo no es un confinamiento: es una apertura de ventanas. Es posible escribir desde y para la sociedad. Una pasión personal transformada en producto colectivo. La poesía más lírica es un objeto que, a través de los medios apropiados, puede convertirse en un hallazgo para los demás. Obtendrás muchas enseñanzas a lo largo de los años. También la vida y la experiencia aportarán cada una lo suyo, lo que no es nada despreciable. Tu salida al mundo te dará elementos para arrojarte a crear historias y juicios sobre el hecho literario. Los demás te observarán murmurantes y se preguntarán porqué te rodeas de libros. Como dije antes, el entorno estará lejos de ser favorable. Envidiarás a quienes fueron criados con aprecio por los libros, pues intuirás que te llevan ventaja. La sensibilidad es una construcción que toma su tiempo y necesita recursos.
