General, Haicum

Haicums – 7

Luz que se pausa

antes del amanecer.

Duermes y roncas.

*

Tu repetición

es el síntoma mortal

de tu padecer.

*

El perro come

las croquetas con agua

y sobrevive.

*

Paso de lince

para el primer beso.

Luego, salvaje.

*

Esta palmera

se agita violenta:

casi como tú.

*

Llega navidad.

Dulces, adornos, luces.

Memoria viva.

*

“Eres un tonto”,

“Y nunca haces nada”.

Cuelgo y ando.

*

Gota de lluvia

en mi cabeza seca.

Duele el cuero.

*

Y te adoré

antes de tu locura.

No es posible.

*

Tus labios rojos,

luego de aquel dulce.

Parece brillo.

*

Huele a vino.

Filme de Valentino.

Lloras al final.

*

Suenan las voces

al fondo del pasillo.

Viaje temporal.

*

Comes papaya,

muerdes una semilla.

Gesto amargo.

*

Sales del baño

y ya hueles a limpio.

No dura nada.

*

Tiro mis lentes

en esta borrachera.

Pérdida total.

*

Vas por tortillas

para comer tacos.

¡Ya no hay nada!

*

No presto libros,

ni los pido prestados.

Siempre amigos.

*

Nieve de limón

para curar la gripa.

Jamás funciona.

*

Sopor áspero

por una pesadilla

que ronda fiera.

*

No me resigno

a ser un descreído.

Te busco, siempre.

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General, Haicum

Haicums – 6

Riñón con piedras.

Tormento al orinar.

No lo merezco.

*

Tumba sin nada,

sin memorias ni amor.

Los ojos secos.

*

Ya sin recuerdos

a la deriva triste,

en este sopor.

*

El valle zumba.

Cascada de sonidos.

Día en arco.

*

Traición del reloj,

cuando me falta sueño.

Veloz se fuga.

*

Cumple mi ley:

ríe todos los días.

De ti, primero.

*

Diente con caries

al fondo de la boca.

Duelen los besos.

*

Enfermedades

durante el invierno.

Sufre mi cuerpo.

*

Ya sin profetas,

el mundo es sombrío.

Fin de la verdad.

*

Nada que reste

tu goce de ser feliz

debe importar.

*

Vive la nota

en el centro de todo.

Nadie escucha.

*

Nunca aprendes

de lo que te sucede.

¡Todo de nuevo!

*

Tus ojos fallan

cuando cae la noche.

Busca ayuda.

*

Gira el disco

en este reproductor.

Baila tu cuerpo.

*

El horizonte

nos dibuja con candor.

Abre el día.

*

Ayuno por ti,

no dejaste comida.

Mi alma llora.

*

Aullidos brotan

de las lejanas cuevas.

La carretera.

*

Dulces de fresa

para tu cumpleaños.

Mueres de risa.

*

Cuerpo y alma

para pedir de comer.

Marca sereno.

*

Eres guerrero

para comer y beber,

pero nada más.

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General, Haicum

Haicums – 5

Té de canela

y un poco de café.

Todo mejora.

*

No tienes pecas

en la espalda blanca:

eres perfecta.

*

Mueren los días

sin que nadie lo note.

Todos se duermen.

*

Sangra mi dedo,

lo corté sin precaución.

Duele mi mano.

*

Me haces falta.

Incienso cuando estás,

vinagre sin ti.

*

Línea de sombra.

Solo a medianoche,

cubro mi rostro.

*

Pareces oso

con hambre y mucha sed.

Pide alitas.

*

No me reproches

porque llego de noche.

Bésame hondo.

*

Viajas a Taxco

para comprar regalos.

No me olvides.

*

Siento tu pena.

Era una gran mujer.

Lleno tu copa.

*

No tengo tiempo

para imaginarte

en esa playa.

*

No la busques más,

controla tu emoción.

Paso de liebre.

*

No habrá nieve

para los deprimidos.

Tampoco café.

*

Los brillos del sol

en el camino largo.

Viajo a Oriente.

*

Tienes la forma

de un número impar.

¿Cuál podría ser?

*

Dios huele a mar.

Es fresco y salado,

como los peces.

*

La licuadora

debe ser reparada.

Yo no lo haré.

*

Nuestro vínculo

fue producto del alcohol,

y ya camina.

*

No hay grisura

cuando estás conmigo.

La vida cambia.

*

Lloro si te vas

y lloro si te quedas.

Sólo sé llorar.

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General, Haicum

Haicums – 4

Brazos de oso,

en esta medianoche.

Piel de gallina.

*

El periódico

tirado y con polvo.

Nada sucede.

*

Voy con el doctor.

Me duele la cabeza.

No me recibe.

*

La brisa canta

con acento fúnebre.

Negro presagio.

*

Tomo tu mano

y procuro besarla.

Te escurres libre.

*

Tienes coraje

para salir temprano.

Duro trabajo.

*

Aquella pluma

yace lejos sin tinta.

Es un cadáver.

*

Sonríes y yo

me alegro por ello.

Las noches con luz.

*

Cae de frente

y suelta una queja.

Sangre que corre.

*

Suenan disparos.

La ciudad es inquieta.

Muertos, heridos.

*

Pan en la mesa.

Es un día de fiesta.

Celebrémonos.

*

Se van los meses.

Aterran estos años,

que son ingratos.

*

En el exilio

vuelvo a tus caricias.

Tus manos tenues.

*

Mala suerte hoy,

mañana nadie sabe.

Salto a nada.

*

Finges sonreír,

luego de nuestro pleito.

Pésima actriz.

*

Te lo escribo

para que no olvides:

muérete pronto.

*

Eres espectral

cuando llega la cuenta.

Vuelas al baño.

*

El policía

te pide orillarte.

¡Bebiste de más!

*

Cuídame mucho.

La luz para tu vida.

Soy heroico.

*

Vuelvo a casa.

Sé que estás enferma.

Apenas hablas.

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General, Haicum

Haicums – 3

Dolor de muelas.

¿Qué puede importarme?

Cerveza fría.

*

Ojos azules.

Reflejos en un cristal,

tan lejos de mí.

*

Lloverá pronto:

guardo la ropa blanca,

pero no llovió.

*

Sudan tus manos,

mejor ni acercarse.

¡Estás molesta!

*

Mala música.

Me duele la cabeza.

Caldo de pollo.

*

Beber con ella

o no beber con ella.

Salto de riesgo.

*

Huelo tu boca,

perfección de tus dientes.

Besos de reina.

*

Un ardor mudo

a cambio de monedas.

Verde la hierba.

*

Esta pobreza

quiebra mi espíritu.

Conjuntivitis.

*

Desconfiar de ti

me hace confiar en mí.

Juego de cartas.

*

Se ignora si

lloras o sólo finges

cuando te miran.

*

Somos esclavos

de ideas innatas,

dicen los muertos.

*

Corre la nube

por este cielo azul.

Acelero más.

*

Amanece gris

y todo huele a ti,

menos mis brazos.

*

Reloj que miente.

Suena Anne Clark de fondo.

Duele tu vida.

*

Pausa sin tiempo,

flagelo de malvados.

El mundo cambia.

*

La esperanza

de que sí vuelvas pronto.

Danzan las ramas.

*

Encrucijadas.

Se extinguen los verbos.

Vuela un ave.

*

Camino solo

hacia ninguna parte.

Piso un charco.

*

Nos maldecimos

siempre al mismo tiempo.

Triste y casual.

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General, Haicum

Haicums – 2

Crema en mi piel.

Acaricio tu brazo.

El grillo canta.

*

Agua en calma.

Hay gotas de rocío

en pinos bajos.

*

Siento comezón,

prefiero no rascarme.

La luz en verde.

*

En Jerusalén

la noche llega pronto.

cielo de luces.

*

Suena un tango.

Te ofrezco un pañuelo.

Filosofía.

*

Silbas canciones

que nadie más conoce.

Eres un viejo.

*

No te esfuerces

nunca más de la cuenta.

Andas a morir.

*

Te busco sola,

me reprendes por ello.

No me preocupa.

*

Me besas lento:

tus nalgas tienen sabor.

¡Vainilla fresa!

*

Cielo abierto.

Rayo de luz que cruza.

Te estremeces.

*

Vamos al cine.

Película de acción.

Duermo profundo.

*

Gel en las manos.

Falsa higiene actual.

Idiotas sin fin.

*

Traidores sueltos,

cuídate la espalda.

Frío acero.

*

Derramo café.

Suciedad en el piso.

Limpias molesta.

*

Nubes te siguen.

Sabes que no existen

y las ignoras.

*

Goma de borrar

en aquel escritorio.

Nunca se usó.

*

Pruebo las uvas.

Diente roto al fondo.

Sigo con vino.

*

Cobro un cheque

y gasto el dinero.

Camino libre.

*

Bulle la selva,

pájaros en lo alto.

Día de playa.

*

Pecado venial:

derramaste el vodka

sin estar ebria.

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Diario público, General

Diario público de la cuarta década – 2

Una vez en el hospital me explicaron la gravedad de mi situación. Aún era “joven” pero debía cuidarme. Había sido un buen atleta en la adolescencia. Cuando llegué a los libros me olvidé del deporte. Eso sucedió después de los quince años. A partir de entonces nada me parece más interesante que un libro, ni aún quienes los escriben. La ciencia lo explica todo muy fácil. Improvisan una teoría sobre tus hábitos y no necesitan más que unas muestras de los líquidos que recorren tu cuerpo para llegar a sus conclusiones. Aún ignoro lo que sucedió en realidad. Fue un estremecimiento general que inició con una taquicardia inexplicable ─me hallaba sentado en un sillón. Líneas de luz se me cruzaron por el rostro y la imposibilidad para respirar me llevó al suelo. En una fracción de segundo me preparé para ese tránsito que sabemos llegará aunque nadie esté preparado. Un sudor frío me cubrió el rostro y bufaba para evitar la pérdida del conocimiento. Todo fue inútil. Fue un amargo crepúsculo que me instaló lejos de la claridad. Desperté minutos más tarde, desorientado y con la boca seca.

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General, Haicum, Poesía

Haicums – 1

Luces en el mar

danzan por tu ausencia.

Llaman a cenar.

*

Desde temprano

trabaja el albañil.

Abro los ojos.

*

Sonatas de Bach

con vodka por la tarde.

Brota la noche.

*

Tu boca mancha

la servilleta blanca,

que ya no lo es.

*

Tus brazos al sol.

Vellos dorados bailan

al aire libre.

*

El perro ladra.

Un afilador anda

y se detiene.

*

No hay diversión.

No hay limones frescos.

No hay internet.

*

Tengo pelusa

en el ombligo sucio.

Dormito fresco.

*

Tienes un grano

en tu nariz redonda.

Beso de dulce.

*

Te llevo a cuestas

por tu falta de piernas.

Se esconde el sol.

*

Ella tropezó.

Reí a sus espaldas:

lo recuerdo bien.

*

Las flores mueren,

el mediodía suelto.

Reminiscencias.

*

Cadera recta

en el asiento negro.

¡Eres un hombre!

*

Café del día.

Al centro histórico.

Urge un baño.

*

Sábanas puercas.

Aquí sobran cobijas,

duermo solito.

*

Seduces libre

en medio de esta calle.

Yo sin dinero.

*

Salta el gato

y entra a la casa.

Sirvo comida.

*

Resaca fatal.

Fiesta hasta muy tarde:

Nunca beban ron.

*

Te beso fugaz.

Sucede la tarde gris.

Lejos, el recuerdo.

*

Pasos al frente,

emergencia de temblor.

Caemos juntos.

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Diario público, General

Diario público de la cuarta década – 1

La noche del veinte de enero de dos mil diecinueve, cerca de la medianoche, viví la experiencia de un conato de infarto. Creí que moriría. Todo se apagó a mi alrededor y lo que parece claro y natural, de pronto se tornó nebuloso. Aquello me hizo replantearme lo que había vivido hasta ese momento: fue un hito. Ya había entrado a mis cuarenta años, que no los sentía como una carga aunque tampoco con esa felicidad que prometen quienes entraron antes a esa década. A partir de ese momento entré de manera voluntaria a un proceso de rehabilitación, que lo mismo incluye la alimentación que los contenidos a los que me expongo. Ya nada sería igual. Todo lo que había creído se modificó de forma radical. Y no se piense que sólo fue el miedo a la muerte, no soy tan vanidoso. Su proximidad me hizo pensar en mi hijo de diez años, que aún necesita a su padre. Luego entraron en la balanza otros aspectos de mi vida, como la escritura y demás proyectos en marcha. Soy un motociclista y sé que puedo morir en cualquier momento, pero si puedo influir en las circunstancias de mi muerte, ésta no sucederá por meros descuidos. Esta será una historia personal de los cambios y sus consecuencias.

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General, Mecánica potencial

Paternidades de papel

Sería riesgoso afirmar que Mary Shelley no soñó con Víctor Frankestein antes de sentarse a redactar la novela. De igual forma lo contrario. Lo que es posible sugerir es que el monstruo, luego de ser arrojado al flujo de la vida, comprobó la funcionalidad de sus extremidades antes de utilizarlas. No es imaginable que se haya levantado de la tabla de cirugía sin flexionar las piernas, por ejemplo, lo que implica actividad cerebral, esa forma de tránsito. Es el acto que inaugura su errar perpetuo, que sucederá con cada lector que fatigue sus páginas. La búsqueda del padre exige avivar los sentidos, trenzar referencias y concentrar las preguntas para plantearlas con un mínimo de palabras. ¿Qué objeto tendría perseguir a una persona si no se tiene prevista la secuencia de acciones a seguir? Búsqueda es acción. La criatura tenía habilidades para planificar, lo que refiere autoconciencia funcionando a un nivel óptimo. Ahora bien, si el monstruo buscara a su madre quizá no la encontraría, porque Mary Shelley es nombre de casada. El apellido Wollstonecraft sería el disfraz perfecto para borrar las huellas de una maternidad no ejercida. La orfandad es una modalidad de locomoción: nacer es salir. ¿Quién podría actuar sin haber cruzado ese umbral? Rehusar los efectos de la movilidad nos aleja de la literatura, que es un ir hacia. ¿El paraíso perdido, el patíbulo o los interregnos? Lo responderá la crítica literaria. Dialogar con el cuerpo expresa un intercambio químico que actúa en silencio. Ejemplo: podemos disfrutar de nutridas mesas de novedades por la vitalidad de los autores. Así que el monstruo de Frankestein llegaría confundido a Roma, entre turistas chinos y japoneses, directo al Cimitero acattolico, donde reposan las cenizas de Percy Bysshe Shelley. “¡Alabada sea la eterna justicia del hombre!”, línea de la novela que exclamaría al confirmar que no son las del doctor Víctor. Al descubrir la impostura del oficio literario, capaz de crear padres de papel, lloraría debido a la confusión y el abandono, aunque tranquilo por haber emprendido la búsqueda.

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