General, Poesía

Autorretrato en un espejo de Danesa 33

.

1.

hoy sentí plenitud y nostalgia a un tiempo,

leí un libro que nadie más leería,

más que un día

fue un crisol de horas

.

viví lapsos de penuria,

luego la actividad me hizo olvidarlos,

caminé veinte minutos

y me senté en la banca de un parque

.

presentí que hallaría en la tarde

la respuesta a una pregunta olvidada,

luego concluí que las fronteras

son otra dimensión de nuestro viaje

.

me recordé adolescente:

bastaba con disfrutar las horas,

correr por las mañanas,

acostarse hasta la madrugada

.

hice un juicio sumario a la esperanza,

que tenía a ratos una actitud apática,

pero no resultó culpable,

así que se despidió con gentileza

.

me dije: “siempre regresamos”,

lo hice una, dos, tres veces,

al avanzar marqué mis pisadas en la arena,

para que las halle otro o las borre el tiempo

.

2.

Hoy los amantes se olvidan uno del otro

hasta que vuelven a sentir la pulsión

que los mantiene unidos,

la última copa de vino es un despertar

.

las barreras caen para que los fisgones

atisben lo que hay del otro lado,

aunque es usual que sean miopes

y olviden los lentes que llevan puestos

.

subsisto como ayer porque me abandono

al hecho remoto de la vida,

me engaño frente a todos los espejos

que puedo hallar en el camino

.

venero el minuto que ignoré,

me resisto al efecto de sus risotadas

y levito sin remedio por una sola causa:

el anhelo de la brisa fresca

.

recuerdo a una persona sin memoria,

y es idéntico a hilar con un material invisible

la historia de costumbres aprendidas,

a medio recuerdo, salto al centro de la sala

.

me propongo enemistarme

con el oleaje matinal, y así lo hago,

le recrimino el ritmo, la salinidad,

el llano de filigrana y doliente, busco otra playa

.

3.

Hoy me permitiré deshacerme

de algún recuerdo de forma azarosa,

cual si fuese un procedimiento mecánico,

adelantaré las horas a mi reloj de pared

.

comeré con frugalidad,

creeré que el destino está de mi lado

e iniciaré un culto sólo para dos personas,

el resto de la noche buscaré a la mejor acompañante

.

estaré más cerca de mí mismo

pese a la resistencia que se interpone

entre el eco del yo y las esquirlas del que fui,

lo que sucederá casi al filo del mediodía

.

pensaré que el futuro es tan ilusorio

como el pasado de los otros,

visto en perspectiva por una tragedia

y no llegaré a la cita con la mujer que me estresa

.

me visitará el destino y hablaremos media hora,

le preguntaré cómo distribuye la suerte

entre los individuos,

mientras afuera cantan los pájaros

.

viviré antes de proponérmelo

y resistiré cualquier batalla que se presente,

ya es medianoche, las palabras se retiran,

andan presurosas hacia el horizonte

*

Hoy los minutos estallaron

y junté los pedazos hasta formar una época

para vivir en ella, me harté de sus privilegios

y acto seguido me reintegré al polvo

.

de aquella heladería de barrio,

que no se fugará de mi memoria

porque cualquier sabor es una opción

para retirarnos la hiel de la piel viva

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General, Poesía

Cuernavaca, 1980

*

galaxias de sensaciones
en la palma de mi mano
que dan cobijo a la memoria,
sonidos tan familiares
como un bostezo maternal,
amanezco a la infancia
bajo las imágenes
de un sol inclemente
en el Estado de Morelos,
tierra de fiera luz y castidad

Cuernavaca, enclave solar:
racimos de buganvilias,
alacranes güeros
debajo de las piedras,
caras de niño
y polillas de aspecto brutal,
lagartijas sobre las bardas
manchadas de óxido
por el exceso de vegetación:
frondosidad sin límites

entonces jugaba con catarinas,
luciérnagas, gusanos,
insectos sin nombre,
en las noches de sonoridad
debido a los grillos
y a otros insectos danzarines,
amanecer al mundo
en un paraíso de notas
musicales que jamás se repiten
en su molino de ritmos

vuelvo a ese pasado,
a mi lista de caídas,
a las sombras que me persiguen
y de las cuales
ya no podré desprenderme,
porque también ofrecen
cobijo al menesteroso,
al eterno fugitivo,
brindan espacio para guardar
la imagen de aquellos frijoles rojos

no puede renunciarse
a lo que tan sólo se anheló,
los suspiros no tienen dueño,
ni aún el aire
puede reclamarlos para sí,
vuelo a mi alrededor
con ánimo de introspección
y me desplomo sobre los vestigios
de lo que fue mi cuerpo,
hoy convertido en una jaula

ya nadie busca la gracia
y quizá nadie la halló,
habrá faltado entereza
para remover las ruinas
porque la verdad no consume
palabras, ni horas de presidio,
dentro de la visión hueca,
es un ruido de tambores
en la fisura de un nacimiento
que no deja de ocurrir

todo es propiedad
de esa nada sin nombre,
cascadas para humectar
tu secreta luminosidad,
aparición que es beso
y delirio por una canción
que ya no es nuestra,
en la voltereta del entusiasmo
destella el enigma,
reflejo que es un tumulto

cada canción es un límite
de pasiones atinadas,
carnaval a media ciudad
de gritos e inundación
por los elementos más frágiles
del entorno que se troza,
todo se encamina
a ese sosiego menos dulce
que es verídico y sucede
sin apenas interrupción

en el manantial de los aullidos
crezco en una claridad alada
que desciende sobre nosotros
para guiar nuestro camino,
no caigas en el abismo
por cualquier premura,
si tu vicio es la velocidad
y el castigo de las almas
que gritan tu tormento,
abre paso a las fronteras

me derramo sobre mí
hasta el fondo del enigma,
me distraigo fácil,
hago una pausa
para recordar tu nombre,
soy el contorsionista
sin extremidades
fotografiado por alumnos
de la escuela inexistente,
que los ha formado a todos

en las tardes del verano
concluyo sin remedio
que los minutos andan a gatas
cuando fijas tu atención
en las manecillas,
la soledad de los hombres
es la llave de su salvación
ruge el tigre para clarificar
que ni ruge, ni es tigre:
todos somos un rugido

en Cuernavaca y el mundo
tallarse los ojos es un arte,
al igual que mantener
la mirada dulce de quienes
despiertan a la vida,
el segundo que nos estremece
llueve sobre sí mismo
y nos sigue con la vista
hasta perdernos por completo
en el laberinto de las piedras

mis recuerdos ya no crecen
y se mantienen en suspenso,
tal como el ermitaño
a resguardo de sí mismo
y lanza dos mil vítores
para olvidarse del ayer
en la emergencia y la sorpresa,
me instalo en la visión
y vuelvo a los días de sol,
amanecer de toda errancia

en el borde de la ventana
hay una línea de hormigas
que avanza sin tocarse,
me quedo sin hipótesis
para explicar el mundo,
el pasado y yo mismo
en ambas latitudes,
o para intentarlo, incluso,
las hormigas no se tocan
ni detendrán su marcha

me olvido del optimismo
para anticiparme
a cualquier decepción
en la orilla de lo imaginable,
en la cresta del recuerdo
soy una llama que se apaga,
cambio de color,
pero el efecto será el mismo,
el que disponga quien sienta
debilidad por sentirlo

pasé la época de darme pena
a mí mismo y ahora me doy temor,
anochezco sin remedio,
todo lo que nos ocurre
es misterioso, se agazapa
para intentar la huida,
grita en señal de auxilio
si los vidrios de las ventanas
estallan en pedazos,
cierra los ojos o pierde la vista

las lluvias de mayo
no refrescan el ambiente,
el aire hierve y se filtra
en las estancias para sofocar
las apariciones del universo
que se descompone,
por una curiosidad de luces
que gotean cada rayo,
a los atentos e incómodos
que no dejan de rascarse

el espíritu que nos absorbe
también nos prepara
para salir del eclipse
como otra forma del pacto,
no me sorprende la comisura,
ni el perdón de las viudas
que lloran en los portales,
subsisten mundos enteros
por revelar detrás
de cualquier ventana

inserto en la sala de los sacrificios,
ante el desaliento
de los enfermos sin salida,
imágenes de un pasado
que apenas reconozco,
pero es mi semblante, mis manos,
huellas sobre el forraje,
me desbarranco en una caída
que no sucede porque mi lugar
en el sillón es inmutable

me descubro como marioneta
y acepto la voltereta
de todos los destinos
con una sonrisa parecida
a la que nos brota
por un acto espontáneo,
días que parecen segundos
en el que mueren los más débiles,
no por la caída sino
por la confirmación del absoluto

si la muerte no se presenta
a una hora fija,
ya no somos dueños
ni de ese último segundo
que nos descompone
en una secuencia de agonías,
aún espero el camión
que me llevará a la escuela
emplazada en el centro histórico
de esta ciudad de flores

sucedo en ese minuto
que fulgura detrás nuestro
y encallo en la resignación
que me invita a volver
a la Cuernavaca de 1980,
año de mi despertar
a la felicidad de la memoria,
a las imágenes
que no se borran
y nos alimentan cada día

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General, Poesía

Monotonal boutique

*

y este bus se inundó de sandías

se transformó en un envoltorio de sandías

en un vientre de sandías

*

Claudio Bertoni, “Sentado en la cuneta”

*

*

[A las víctimas del Enemigo invisible]

*

adondequierascuandopuedas:

en la emergencia

s u b l i m e

por una nota de voz que se apaga,

o en medio de ese latido

deuncorazónquesemuere,

otro helado de sandía.

*

Me siento en la banca de un parque

y medito lo siguiente:

*

envidio a los árboles

porque tienen un lugar

en este mundo,

*

tal como los oficinistas

que deben llegar a tiempo

para ganarse un bono

*

y saludan a su jefe con un rostro

transparente porque no tienen

nada que esconder,

*

a diferencia de los que

llegan tarde y deben actuar.

*

Me dicen que ha llegado la hora

de pensar en el suicidio.

*

Pero yo he pensado en él

desde mucho antes

de que me lo avisaran.

*

Me he suicidado tantas veces

en sueños,

que ya podría contarles

lo que sucede.

*

esirrelevanteporsublime

c o m o e s t e a p u n t e

que esbozo a medias

se vive como un naufragio

en la serpentina del deseo,

cada que te propones

una victoria

ante el reto sin final.

*

Y así te miro,

a la distancia,

con un gesto de interrogación,

pese a que intuyo

los resultados.

*

v e r o í r y f o l l a r

*

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 6

Te desaconsejo olvidarte de la pintura. Ernesto Sábato fue pintor y muchos autores notables críticos de arte. Él tenía la teoría de que el pintor ejecuta una actividad menos intelectualizada que el escritor, que debe procesar el lenguaje y además organizarlo. El pintor, por su parte, descubre la forma y la libera. No hay un reprocesamiento previo o posterior. Eso decía Sábato, aclaro. Yo estoy en desacuerdo. Las vanguardias de inicios del siglo XX llevaron a un nivel superlativo la intelectualización de la pintura. Una teoría debía inspirar el alcance de cada cuadro. Estas sutilezas las descubrirás como parte de un interés general por el arte. Lo que importa es apreciar las virtudes de un cuadro como un capital que no todos tienen al alcance. Ignoro si accede a la calidad de virtud, pero es un aspecto inusual en este mundo de velocidad y urgencias. Implica hacer un acercamiento al objeto y arriesgar un juicio sobre su posible significado. Esto en un primer momento, al menos. Luego vendrá hacer juicios sobre el posible valor de una obra. Aquí entrará un periodo fascinante de tu trayectoria creativa que es la crítica, de la que hablaremos más adelante. Por ahora lo que te corresponde es respirar las obras y llegar a la conclusión —como ya lo hiciste—, de que no importa nada más que crear. Un joven aspirante a artista que no se detiene a mirar el cielo para descifrar si el mensaje secreto del cosmos tendrá un alcance limitado. Si la creación no es una muleta para darle otro sentido a los días que corren, entonces es inútil. Deberás asumirte creador como parte de una identidad irrenunciable. La pintura será una de tus preocupaciones habituales, lo cual me parece lógico. Es un feliz vagabundeo entre tentativas para encapsular fragmentos de mundo. Entonces el pincel se transfigura en un arma providencial para alterar el perfil aparente de los objetos. Monet nos enseñó a mirar la luz, lo mismo que Seurat. La perspectiva es una herramienta que te servirá para trazar tus libros. No sólo será sentarse a escribir en medio de un trance hipnótico. Escribirás con un plan previo, dejando poco o nada al azar. La literatura también es un juego de ajedrez y una postulación geométrica de nuestro entorno. Atendemos a formas físicas. Tenemos amoríos poliédricos y la deslealtad es una triangulación de las pasiones humanas. Hay personas cuadradas y, dicen, las historias deben ser “redondas”. Luego descubrirás que el signo que nos define es la espiral. Iniciamos en un punto y seguimos a todo lo largo de una línea que no se interrumpe. Esto es algo que ignoramos, pero que es tan parte de nosotros como estas manos que se detienen a consignar la perplejidad de vivir sin entender la lógica de porqué lo hacemos. De ahí que resulte mágico el discurso filosófico. Ya lo intuiste y por eso te rodeas de libros de Friedrich Nietzsche, Arthur Schopenhauer y Ludwig Wittgenstein. Apenas los entiendes, es natural, aunque intuyes que en esas líneas amanece un posible nuevo sentido para el ser humano. De nada valdría amanecer al mismo escenario, de no ser por la promesa de que ese día, derivado de un acto providencial, la tierra se abra y una voz irreconocible dicte nuevos principios para fundar otro mundo posible. Muchos autores han dibujado, además. Ahí están los trazos de Charles Baudelaire y Jean Cocteau. El diálogo entre palabra y forma visual es irrenunciable. Cruzan sus referentes sin pedir permiso a nadie. La lista es larga: William Blake y Herman Hesse, Federico García Lorca y Rafael Alberti, tantos más. También la poesía visual y concreta se enlista en ese diálogo. No sólo el pincel es el único medio apropiado para lograr comunicación con el hecho visual. El pensamiento es capaz de revelar aspectos en los que el pintor no había reparado, o señalar algunos más que pueden ser un salto al vacío. Tu tarea principal es desconfiar de la historia del arte, de los hitos marcados como obligatorios, de los nombres con mayúscula. Todo lo que existe puede ser relacionado con otro objeto, incorpóreo o verificable. Es otro lujo de la imaginación. No pocas noches quedarás al filo de la cama sin poder conciliar el sueño. Serás preso de temores sobre lo que debes o no emprender. Esto es un primer paso para convencerte a ti mismo de tu capacidad para crear con las palabras. Es un proceso largo y nunca estarás del todo convencido de que lo que haces importa lo más mínimo. Te quedará el consuelo de la disciplina y el trabajo ordenado y no es posible pedir más del hombre, objeto de tantos vaivenes. A la manera de un cuadro de Turner, lo que imaginamos un crepúsculo no es sino la aurora que se asoma con rostro de timidez y hartazgo. Ésta será la batalla de cada página que inicies.

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 5

Es una lástima que no hayas conservado ninguno de tus cuadernos de dibujo. Podría mirarlos ahora que escribo estas notas y sentir cierta felicidad por haber sido tan inquieto. Siempre te preguntabas de dónde venía ese impulso de crear. Te cuento: no lo descubrirás, pero tampoco podrás detenerlo. Estaincógnita se mantiene como una de las más sólidas del género humano. ¿Por qué una persona elige escribir/dibujar/pintar/esculpir, en lugar sólo de vivir la vida? ¿Es tan difícil experimentar las formas y no intentar reproducirlas de alguna manera? Recuerdo cómo salías de la casa con un cuaderno bajo el brazo y pasabas horas en los parques, dibujando hojas, árboles y transeúntes. No me parece tiempo perdido, a la distancia. En esos lapsos de soledad llegaste a conclusiones de primer orden. También experimentaste el desafío de un entorno que no valoraba la creación ni le preocupaba, mayormente. El arte siempre ha sido un artículo suntuoso y otras premuras tienen un sitio de privilegio. Nadie ha reparado en la rebeldía que implica, por ejemplo, sentarse a escuchar una ópera o leer un clásico olvidado, incluso por los letrados. Abundan esta clase de libros. Tienen una consideración muy significativa para la alta cultura, pero ya no es posible ni siquiera conseguirlos en las librerías. Quedan como parte de un conocimiento esotérico y críptico. Puedes visualizar la cultura como un océano de propuestas. Unos navegan en un sentido, otros optan por abandonarse al movimiento sutil de las mareas o, de plano, se confían al refugio que ofrece el pasmo. Descubrirás que muchos dormitan entre los olivos que cortaron antes creyendo que no pierden su verdor y frescura. Esto es falso. La búsqueda es interminable. Siempre hay veredas que no se han caminado, formas inusuales para transitar y saltos que en otro tiempo no consideramos o fueron desechados por juzgarlos imposibles. Quizá redacte algo semejante a estas notas diez años después, para averiguar cuál fue el desarrollo de mi trayectoria o si, de ser el caso, sigo creyendo que la literatura importa para algo, así sea ínfimo. Al día de hoy dejé de considerar que tiene cualidades providenciales, pero me salva de la autodestrucción o de diluirme con mujeres o alcohol. Es un contenedor de emociones desbocadas. Al menos me permite entusiasmarme con tal o cual obra e ilusionarme de que lo que escribo al respecto podría tener algún valor. Podría jurar que habrías elegido una vertiente no figurativa. Te entregarías a explorar texturas en el lienzo y pasos saltarines de formas rítmicas. Caer al abismo implica rodearse de conformismo y autocomplacencia. Adormilarse en el flujo del tiempo histórico. Las posibilidades que ofrece la escritura no son menos. Son distintas, eso es claro. Se trabaja un libro con esmero y atención al detalle. A diferencia de la pintura que admite el juego libre del azar, en la construcción de una obra literaria todo debe estar calculado, incluso la incorporación de elementos azarosos. Exige un paso de lince previo al ataque de la cebra. Después del dibujo intentaste la pintura, como un paso natural. Fue difícil allegarse de los materiales pues, como referí, en casa se desconfiaba del arte. Un hijo pintor hubiera sido peor para la familia que un hijo en la cárcel. No cabe duda que la educación de los padres impacta el crecimiento de los hijos. Hay que ser un espíritu grande para oponer la entereza necesaria a sus deficiencias y, llegado el momento, demostrar que no tuvieron un efecto negativo. Que se tiene el corazón limpio de rencor, por lo que puede avanzarse libre en la secuencia de la vida. Aún recuerdo la honda impresión que te produjo descubrir a Salvador Dalí, a los demás surrealistas y a otros pintores como Oscar Domínguez o Edgar Degas. Lo refiero porque ahí empezó tu engarce con la cultura universal. Es la fecha que detona una fiebre por descubrir, de la que jamás te curarías. Es la misma excitación que te llevará a ser asiduo del cine, la historia y la filosofía. Estos encuentros formaron tu criterio y perspectiva de creación. Somos lo que asimilamos, al menos en términos de cultura. Pero no me pareció triste, pasados los años, ese necesario viraje de disciplina. La literatura es una cantera de ideas, pensamientos e historias. Su poder late en el misterio del mundo. Todo tiene referente en un personaje o una anécdota fundacional. A su lado, la mitología y la historia se nutren una a la otra y derivan contenidos irremplazables. No debería sugerirte nada —soy producto de lo que hiciste o dejaste de hacer—, pero es importante tener muy presente a la mitología clásica, ese tejido de relaciones de la antigüedad que une nuestra interpretación de la historia humana. Ayúdate con la pintura, a la que veneras sin discreción. Los pintores de relevancia pintaron miles de escenas mitológicas y bíblicas. Todo lo que se crea tiene que ver con esas historias germinales, al final. Asimilarlas te permitirá asomarte a espacios que parecen reservados sólo para el especialista, pero que han permeado el pensamiento humano en todas sus vertientes. ¿Recuerdas cómo te entusiasmó Picasso? Luego creíste que destruir la reproducción exacta de la realidad podía generar una poética novedosa. No deberás preocuparte por el tiempo que tienes al frente, sino por emplearlo en actividades productivas.

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General, Haicum

Haicums – 10

Calcetas secas,

apenas cayó agua.

Corrí por nada.

*

Estoy enfermo

de sentirme enfermo.

Estoy o estoy.

*

La propaganda

nos hace olvidarnos

de lo que somos.

*

Basho se muere

de nuevo si leyera

estos apuntes.

*

No hay un precio

para una caricia

de esa mujer.

*

Esta bufanda

se te ve mejor a ti.

Demasiado sol.

*

Una lagaña

prendida a tu ojo.

No digo nada.

*

Pido la pasta

con más queso y crema.

Seré un gordo.

*

Sale tu mano

de la sábana blanca.

Ya es domingo.

*

Alguien te sigue

con un paso de garza.

Finge demencia.

*

Rezo al cielo

por ocio y anhelo.

Ahí te busco.

*

No hay teatro

ni boletos de cine.

Habla conmigo.

*

Toco tu pierna.

Acaricio tus labios.

Entraré en ti.

*

Aprende francés,

olvídate del inglés.

Aprehéndeme.

*

Esa historia

nunca será creíble,

pero es real.

*

No agonizas,

deja de engañarnos.

Estás demente.

*

Me brota agua

de la imaginación:

idea solar.

*

Deja la lumbre,

mejor no te acerques.

Serás mi fuego.

*

Eres herida

y el medicamento

para que cierre.

*

Toca el piano

antes del amanecer.

Ya nos correrán.

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General, Haicum

Haicums – 9

Siento tu pena

como si fuera mía.

Entonces lo es.

*

Estas tijeras

no sirven para cortar

nuestras memorias.

*

El matamoscas

es invento celeste.

Grandes placeres.

*

Aquel vómito

era de hombre muerto.

Raro que vivas.

*

Nos embriagamos

para dejarnos atrás:

para avanzar.

*

El jeque pide

damas para la noche.

Cientos acuden.

*

Boca abierta

para respirar mejor.

Nos engañamos.

*

Naturaleza

en cada avenida.

Ojos muy ciegos.

*

Burro que mueve

al mundo en su lomo.

Burro de oro.

*

Un cigarrillo

en este día frío.

Muerdo el polvo.

*

La luciérnaga

que ignora el color

de su luz, salva.

*

El disco gira

y nunca se detiene.

Tal como ella.

*

Ojos con llanto

en la ciudad de risas.

Luz artificial.

*

Desde la cima

puede verse la ciudad.

Pájaros libres.

*

Este desierto

de arena y fuego

te recibirá.

*

Feliz chapuzón

en esta tarde solar.

Brisa y viento.

*

Muralla negra

de insatisfacciones.

Viene la muerte.

*

Canto de cuervos,

luego de tu fracaso.

Te dejo en paz.

*

Si otros te ven,

no eres invisible.

Son ojos huecos.

*

Cada plátano

es distinto a otro.

Así tus besos.

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 4

El oficio de escribir, luego lo descubrirás, es un continuo ejercicio de amalgamar para descubrir aleaciones. Los grandes edificios de palabras tienen una estructura que los hace notables y resisten el paso del tiempo debido al material del que están hechos. Lo natural es que un talento corto utilice cemento o arcilla, y la lluvia del tiempo lastime las aristas y los bordes. Ya no podrá ser apreciado tal como fue concebido. La fusión de elementos que parecía que no podían unirse garantiza la admiración de quien los transita. Ese ejercicio de ingenio aún es considerado como un valor añadido a la obra. La paradoja: no sabrás cuando lograste una aleación perdurable. Puedes haber publicado cincuenta libros y ninguno será recordado. ¿Esta es la aspiración de un escritor? Es una pregunta que me ronda una y otra vez. No la tengo resuelta aunque al día de hoy creo que la ambición de un autor es hacer una contribución cultural y, con suerte, que alguien más descubra algo en esos libros. No faltará quien lo haga sólo por dinero o la admiración febril de los turistas de la lectura, esa carne de cañón para las listas de los más vendidos. Sabes que me refiero al escritor que se propone una meta literaria: ordeñar su lengua para extraer un líquido esencial. Según leas esto, confirmarás que no son muchos quienes lo intentaron y vencieron. Esa vaca anda libre por la serranía y pocos tienen el valor de internarse en su búsqueda. Es mejor la comodidad de la chimenea y las pantuflas de las que te proveen las entrevistas, los diarios, las antologías y apariciones reiteradas en los medios de comunicación. Lo que equivale a ser considerado un “autor de tu generación”. La literatura es un terreno de libertad y también un ejercicio de firmeza. Perder la brújula o alterar la ruta sin criterio puede tener repercusiones a largo plazo. El “público” no es tan maleable. Quien sale a la plaza para dar bandazos y giros inesperados pierde credibilidad. Lo natural es caminar por una línea recta, pues las curvas son sorpresivas y no pocos temperamentos las desprecian debido al peligro que representan. Ahora bien, escribir aún es un oficio riesgoso. Lleva al máximo la capacidad del hombre para crear. Es un encuentro con uno mismo. Más de una ocasión te has sorprendido con una línea vaciada en una de tus libretas, en los cafés que visitas para alejarte del ruido y las distracciones. Es una costumbre de la que no podrás desprenderte ni aún pasadas las décadas. Esos lugares aún son un imán y por tanto no es difícil ver a las personas conversar y hacer los planes para la semana siguiente. Es un resquicio en ciudades inundadas de frenesí y premuras sin apenas fundamento. ¿Cuántos libros no se habrán iniciado/abandonado/concluido en un café? Si es tu elección, ahí germinará tu primer libro, por ejemplo. O las líneas esenciales, al menos. Después sucederá la poda que lo deje más terso porque todo puede mejorarse. Nunca llegarás a la forma definitiva de los objetos. Esta es una esperanza que no conviene a un aprendiz de escritor. El deseo de perfección también puede ser tu ruina. Aprenderás a liberar tus libros en el momento apropiado. También a ignorar lecturas que no te beneficien en un periodo concreto de tu educación. Renunciar a un libro no es olvidarse del hecho literario, sino elegir lo mejor para el periodo indicado. Escribir también exige cierta dosis de cinismo y seguridad en uno mismo. Sentarse a redactar demanda coraje, disciplina y amor propio. Es un ejercicio de reafirmación. No se escribe con dudas. Estas deben quedar fuera de los papeles de trabajo. Abrigo la intuición de que el proceso de aprendizaje no terminará nunca. Que uno llega a viejo —quiero decir: a muy viejo— y cada día hay otro secreto detrás de la puerta. Te lo confieso para que modules la soberbia y la excesiva confianza en los poderes de la cultura. A esa edad lo normal es que la lectura de Dostoievski o Balzac haya terminado por perturbar tu capacidad de percibir el entorno con claridad. No es difícil sobrevalorar lo que uno hace y, a la manera de Don Quijote, salir a pelear con molinos de viento. Suena atractivo padecer esta imagen, infeliz y conmovedora a un tiempo. Años después te digo que el romanticismo de la derrota es una falsedad. Tropezar genera conocimiento, pero también puede aprenderse con el ejemplo de los demás. Confío en tu cautela y disposición para no perder las riendas de tu proceso creativo. La literatura es un culto secreto de muy pocos fieles y el mundo camina a otro paso. Las exigencias de la vida —pagar las cuentas, acudir al dentista, celebrar un aniversario—, existen por una razón y son parte de un ceremonial que deberás cumplir. Te rehusarás a hacerlo y las consecuencias serán tangibles. No llegaré al extremo de recomendarte nada. Al final, somos producto de lo que elegimos cada día y el resultado no debe menospreciarse. Un balance nunca viene mal, de cualquier modo. Avanzar en la construcción de un proyecto literario implica demostrar que nada nos distanciará de él.

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General, Haicum

Haicums – 8

Los rayos del sol

me producen migraña.

Otro achaque.

*

Música actual

en medio de la nada.

Es un secreto.

*

Cayó mi lápiz

y se le rompió la punta.

¡Qué torpe eres!

*

Nos peleamos

porque viaja la mosca.

Mátala pronto.

*

Sabes a melón

sin dulzura ni gracia.

Un fruto rancio.

*

Lo dejó solo

en la banca del parque.

Dejó las flores.

*

Nuestro padecer

es broma para otros.

Mejor silencio.

*

En el momento

más alto, te desplomas.

Se ha visto tanto.

*

Sin el bigote

la vida es distinta,

y yo no tengo.

*

Será sublime

lo que tú creas que es.

Asúmelo ya.

*

Sin la angustia

se vive sin presiones.

Es la libertad.

*

Hoy me operan

de un padecimiento

que me fastidia.

*

No te conozco,

mejor que así sea.

Estoy cansado.

*

El cine mudo

es perfecto para mí.

Cerca y lejos.

*

Un grillo molón,

ruidoso y oculto.

No se callará.

*

No es mi casa,

debo quedarme quieto

en esta silla.

*

Tengo monedas

para los indigentes.

No aparecen.

*

Nunca se pinten

las canas o el pelo.

Mejor natural.

*

Nunca te vayas

del refugio que tienes.

Habrá muy pocos.

*

El gato siente

que no estás de humor.

Háblale dulce.

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 3

Habrá días en que te levantarás con entusiasmo por haber logrado una sola línea. Pero en otros querrás olvidarte de tus lecturas y ser como el resto de los individuos. Elegiste un camino que no tolera la renuncia. Una vez que lo inicias sientes el impulso de llevarlo hasta su fin, así te conduzca directo al fracaso —lo que sea que esto signifique. No pienses que te escribo desde la cúspide del éxito. El calendario marca que tengo treinta y cinco años. Ya no soy joven aunque tampoco un viejo. He aprendido ciertas astucias. Di a conocer algo de mi producción literaria y no soy el último de la lista. Mi aprendizaje aún no termina. Anhelo hacer muchas lecturas más y asimismo olvidar algunas que ya no me parecen beneficiosas. Porque es falso ese integrismo que postula que toda lectura es buena en sí misma. Muchos libros pueden ser perjudiciales en cierta etapa de una carrera de lector. Jamás le daría Finnegans Wake a un joven que desea formarse como escritor. Lo desanimaría al grado de que podrían abandonar su tentativa y, no obstante, es un libro de primer orden. Tampoco le acercaría La muerte de Virgilio o la narrativa de Thomas Bernhard. Cada quien establece su tiempo para llegar a ciertos autores fundamentales. Un acto que, por otro lado, tampoco es obligatorio. No imagino a Miguel Hernández leyendo libros formalmente complejos. Afrontar la vida es otro modo de lectura. La sucesión de hechos humanos es una narrativa continuada que debe interpretarse según el estado de ánimo. No deberá desilusionarte que los demás te ignoren. Que les parezca natural que un joven quiera escribir y pasen de largo ante tu anhelo. Sé fiel a tu proyecto y concéntrate en lograr más páginas. Este será tu entrenamiento. Tu determinación te llevará a la Facultad de Filosofía y Letras y ahí afilarás tu criterio de lector, cualidad imprescindible para ejercer la crítica y la autocrítica. Te doy aliento para continuar y ahora yo mismo necesito que alguien me lo proporcione. Se publicaron cuatro libros míos en dos años. Cumplo con una meta personal y una aspiración que venía de años atrás. ¿Qué sigue? No lo sé. He leído comentarios en la prensa y juicios positivos de amigos. Que si se lee ahí una “propuesta”, que si es un inicio “prometedor”, que si el estilo es “diáfano y notable”. Estos comentarios pueden ser una jaula de miel. Quedar atrapado en el azúcar de la adulación puede ser un acicate para bajar la guardia y dejar de lado la tentativa de crear objetos más arriesgados. La tradición literaria no avanza debido a los aplausos, sino al vapuleo constante y la agitación provocadora. Deberás enfrentarte, además, a un momento editorial que privilegia la novela por encima de las demás modalidades de escritura. El aforismo, el cuento y la narrativa breve atraviesan un periodo de marginación. Y aún con todo se seguirán practicando, a la manera de un culto secreto. Quizá tengas el valor de escribir con firmeza e ignores estas directrices editoriales. Yo lo hice y me retrasó la publicación de algunos libros. Serás leal a la idea del viaje como estallido narrativo. Entreverás en el acto de hacer una maleta cierta expresión sutil del autoconocimiento. Porque salir es entrar y olvidarse de toda posibilidad de llegar a la silueta elusiva del yo. Esto es algo que yo descubro ahora mismo, así que prefiero no restarle emoción al trayecto. Iniciarás libros con entusiasmo y luego los abandonarás. Terminarás concretando los menos pensados y se aguzará tu capacidad para tramar. Ya no será necesaria una historia prevista para iniciar un relato: aparecerá según la escribas. Después de los treinta y cinco años se escribe porque es un oficio o una pasión imposible de sosegar. Éste será tu caso. Te ganarás la vida ejerciendo otros oficios y lo que llaman la “profesionalización de la escritura” te será tan ajeno como la astrofísica. Cada que tomes una pluma se abrirá una galaxia por descubrir. La palabra será cómplice de un culto que te llevará por veredas inusitadas. Cualquier actividad que emprendas, así sea ir a comprar un kilo de tortillas, podrá ser una ocasión para darle vida a otro artefacto de palabras. Entonces lucharás contra el tiempo y la fugacidad, la urgencia y los pendientes, la salud y los requerimientos de familia. Se refiere que se escribe en soledad y esto es cierto. Lo que no dicen es que la sociedad conspira para que no escribas. Aquí hay una tensión que deberás superar so pena de perder tu salud mental. Deberás atender compromisos sociales y otros menesteres. El entorno se organiza para retirar a las personas de actividades que requieren silencio y dialogo interior. Escribir es alejarse, ya lo sabes para ese momento. No hay línea que no se haya ganado en medio del tumulto y el sobresalto. Los párrafos se cosechan. En un primer momento se plantan las palabras y según volvemos y se riegan con adiciones y sugerencias, germina un fragmento de significado que puede ser revisitable, incluso para su autor. Así con cada párrafo que sutures para lograr un organismo más complejo.

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