Poesía, Sin categoría

Con música de Billy Idol

:
ya no me suelo
enamorar
porque la desilusión
te amarga,
y yo me ilusiono
fácil
.
pero aquella noche
sonaba Billy Idol
en la discoteca
y ella bailaba sola,
agazapada
en un rincón
.
yo, que soy
un ser de rincones,
miré sus jeans
tan ajustados,
que acudí
a su llamado sutil
.
anhelé la solidez
de aquella visión
—a ratos espectral,
la mayor parte angélica—,
por la fineza inusual
en un entorno tan fácil
.

y la noche sucedió

tan hermética

que nos permitió ocultarnos

para celebrar la vida

y sus misterios

entre besos y promesas

.

intuyo que Billy Idol
festejaría al saber
que nos unió su voz,
así fuera por unas horas,
vestida de un instante
y la misma eternidad
.
nadie se resiste
(quiero decir:
nadie humano),
a la música de Billy Idol,
a la felicidad de la noche
y a las luces de estrobos
.
si puedes hacerlo,

es porque ya estás

tan malditamente

muerto,

que prefiero

no explicarte más

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A la mitad del valle

:

me anima

estrenar tenis nuevos,

recién salidos

de su caja,

si son de gamuza,

mejor aún,

con algún diseño

extravagante

.

no me anima

que les falte gracia

(los modelos en blanco,

sin al menos

una línea de color

para atenuar el salvajismo

de los zapatos escolares,

por ejemplo)

.

pero sí me anima

ponerles las agujetas

con la disposición

que me entusiasma,

y caminarlos

hasta que adopten

la forma de mis pies,

e incluso lograr

una erosión visible

producto de mi andar

.

tampoco me anima

regalarlos,

aunque estén viejos,

desguanzados,

y menos aún enterarme

que los regalaron

sin yo consentirlo,

intuyendo

(¡con razón!)

que no los dejaría ir

.

tengo una relación

de afecto con mis tenis

(con los zapatos, no)

aunque suene ridículo,

ya tengo edad

para permitirme serlo

y emplear unos versos

─que a nadie le cuestan─,

para confesar que tengo libros

¡sí! ¡incluso, demasiados!

pero guardo espacio

en el armario para los tenis

que llegan a la casa

de un hombre solitario,

sin otra felicidad

que ir por el mundo

con agradecimiento

a sus tenis por el servicio

que le prestan,

sin proponérselo siquiera,

con el heroísmo

de los robles

a la mitad del valle

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Brotará el árbol

:

brotamos en tierra separada

y nos criamos

con distintos minerales,

la luz nos alimentó

por aparte,

aunque era el mismo sol

el que nos prodigó

su roce por la mañana

.

por los azares de la suerte,

el vergel que nos abriga

nos permitió trenzar ramas

y buscar el rayo de luz

bajo el mismo cielo

que nos llevó a germinar

.

nos transformaremos

en un solo árbol

capaz de sobreponerse

a las tempestades

sin caída de ramas,

ni dobleces de violencia

.

entonces el rayo de sol

que nos bendiga

será el mismo

y ya no habrá

tu agua y mi agua,

tu hoja y mi hoja

.

llenaré las copas con miel,

producto de las emociones

y brindaremos

con música de Roger Waters

por eso que nos hace

sentir tan cerca,

casi como un latido sin eco

sobre la colcha violeta

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El pasado, hoy

:

la sombra del pasado

se alarga,

te alcanza

y dibuja para tí

el camino a seguir

con mano tan discreta

como roce de satín

.

eso mientras crees

que puedes elegir

la ruta que tomarás

y hasta te das opciones

con generosidad

sin límites

.

algo se rompió

dentro de mí,

aunque hay páginas

por escribirse

y no soy nada más

que otro escritor

en busca de su destino

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El pelo a rape

:

cortaré mi cabello a rape

para ayudarlo en la huida,

ahora que se retira

sin despedirse siquiera

.

lo mismo haría con los dientes

que no dejan de molestar,

aunque me aterra el dentista

con ese instrumental

forjado en las llamas

de un infierno blanco

.

me falta el coraje necesario

y aún prefiero estos dientes,

todos casi podridos,

que asustan a los jóvenes y a los niños

(en especial a los primeros

por su vanidad sin límites),

a portar los huecos de la calavera

que ya pelea por asomarse

.

o acaso no haga nada

y me quedaré en paz

con esta meditación inútil,

como casi todas

las que puedan hacerse

sobre la vida que con ilusión

elegimos llamar «nuestra»

cada viernes por la tarde

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Poema del azar

*

ante la fiebre y la soledad,

el corazón de acero,

ya no hay cuatro hemisferios,

mi sueño, que fue verídico

sobre cada posibilidad

consustancial al universo,

habita disperso en los seres

que ya no existen en el reflejo

de ese temor, que es universal

al igual que los amigos,

salga el sol o se ponga,

la fruta no es para llevar

en el bolsillo o en la espalda,

pido a la noche del candelabro

que me salve de emitir un grito

tan exasperado como inútil,

y para ello bostezo al final del relato

porque las horas ya se fugaron,

así que fracasan de nuevo las estrategias

del enemigo que nos acosa

para quebrarnos las ilusiones,

ayudemos en lo posible

más allá de estas fronteras,

fortifiquemos este pueblo

de aquella fuerza exterior

o no habrá esperanzas

para ningún ser viviente:

ya no hay cuatro hemisferios

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