General, Haicum

Haicums – 10

Calcetas secas,

apenas cayó agua.

Corrí por nada.

*

Estoy enfermo

de sentirme enfermo.

Estoy o estoy.

*

La propaganda

nos hace olvidarnos

de lo que somos.

*

Basho se muere

de nuevo si leyera

estos apuntes.

*

No hay un precio

para una caricia

de esa mujer.

*

Esta bufanda

se te ve mejor a ti.

Demasiado sol.

*

Una lagaña

prendida a tu ojo.

No digo nada.

*

Pido la pasta

con más queso y crema.

Seré un gordo.

*

Sale tu mano

de la sábana blanca.

Ya es domingo.

*

Alguien te sigue

con un paso de garza.

Finge demencia.

*

Rezo al cielo

por ocio y anhelo.

Ahí te busco.

*

No hay teatro

ni boletos de cine.

Habla conmigo.

*

Toco tu pierna.

Acaricio tus labios.

Entraré en ti.

*

Aprende francés,

olvídate del inglés.

Aprehéndeme.

*

Esa historia

nunca será creíble,

pero es real.

*

No agonizas,

deja de engañarnos.

Estás demente.

*

Me brota agua

de la imaginación:

idea solar.

*

Deja la lumbre,

mejor no te acerques.

Serás mi fuego.

*

Eres herida

y el medicamento

para que cierre.

*

Toca el piano

antes del amanecer.

Ya nos correrán.

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General, Haicum

Haicums – 9

Siento tu pena

como si fuera mía.

Entonces lo es.

*

Estas tijeras

no sirven para cortar

nuestras memorias.

*

El matamoscas

es invento celeste.

Grandes placeres.

*

Aquel vómito

era de hombre muerto.

Raro que vivas.

*

Nos embriagamos

para dejarnos atrás:

para avanzar.

*

El jeque pide

damas para la noche.

Cientos acuden.

*

Boca abierta

para respirar mejor.

Nos engañamos.

*

Naturaleza

en cada avenida.

Ojos muy ciegos.

*

Burro que mueve

al mundo en su lomo.

Burro de oro.

*

Un cigarrillo

en este día frío.

Muerdo el polvo.

*

La luciérnaga

que ignora el color

de su luz, salva.

*

El disco gira

y nunca se detiene.

Tal como ella.

*

Ojos con llanto

en la ciudad de risas.

Luz artificial.

*

Desde la cima

puede verse la ciudad.

Pájaros libres.

*

Este desierto

de arena y fuego

te recibirá.

*

Feliz chapuzón

en esta tarde solar.

Brisa y viento.

*

Muralla negra

de insatisfacciones.

Viene la muerte.

*

Canto de cuervos,

luego de tu fracaso.

Te dejo en paz.

*

Si otros te ven,

no eres invisible.

Son ojos huecos.

*

Cada plátano

es distinto a otro.

Así tus besos.

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 4

El oficio de escribir, luego lo descubrirás, es un continuo ejercicio de amalgamar para descubrir aleaciones. Los grandes edificios de palabras tienen una estructura que los hace notables y resisten el paso del tiempo debido al material del que están hechos. Lo natural es que un talento corto utilice cemento o arcilla, y la lluvia del tiempo lastime las aristas y los bordes. Ya no podrá ser apreciado tal como fue concebido. La fusión de elementos que parecía que no podían unirse garantiza la admiración de quien los transita. Ese ejercicio de ingenio aún es considerado como un valor añadido a la obra. La paradoja: no sabrás cuando lograste una aleación perdurable. Puedes haber publicado cincuenta libros y ninguno será recordado. ¿Esta es la aspiración de un escritor? Es una pregunta que me ronda una y otra vez. No la tengo resuelta aunque al día de hoy creo que la ambición de un autor es hacer una contribución cultural y, con suerte, que alguien más descubra algo en esos libros. No faltará quien lo haga sólo por dinero o la admiración febril de los turistas de la lectura, esa carne de cañón para las listas de los más vendidos. Sabes que me refiero al escritor que se propone una meta literaria: ordeñar su lengua para extraer un líquido esencial. Según leas esto, confirmarás que no son muchos quienes lo intentaron y vencieron. Esa vaca anda libre por la serranía y pocos tienen el valor de internarse en su búsqueda. Es mejor la comodidad de la chimenea y las pantuflas de las que te proveen las entrevistas, los diarios, las antologías y apariciones reiteradas en los medios de comunicación. Lo que equivale a ser considerado un “autor de tu generación”. La literatura es un terreno de libertad y también un ejercicio de firmeza. Perder la brújula o alterar la ruta sin criterio puede tener repercusiones a largo plazo. El “público” no es tan maleable. Quien sale a la plaza para dar bandazos y giros inesperados pierde credibilidad. Lo natural es caminar por una línea recta, pues las curvas son sorpresivas y no pocos temperamentos las desprecian debido al peligro que representan. Ahora bien, escribir aún es un oficio riesgoso. Lleva al máximo la capacidad del hombre para crear. Es un encuentro con uno mismo. Más de una ocasión te has sorprendido con una línea vaciada en una de tus libretas, en los cafés que visitas para alejarte del ruido y las distracciones. Es una costumbre de la que no podrás desprenderte ni aún pasadas las décadas. Esos lugares aún son un imán y por tanto no es difícil ver a las personas conversar y hacer los planes para la semana siguiente. Es un resquicio en ciudades inundadas de frenesí y premuras sin apenas fundamento. ¿Cuántos libros no se habrán iniciado/abandonado/concluido en un café? Si es tu elección, ahí germinará tu primer libro, por ejemplo. O las líneas esenciales, al menos. Después sucederá la poda que lo deje más terso porque todo puede mejorarse. Nunca llegarás a la forma definitiva de los objetos. Esta es una esperanza que no conviene a un aprendiz de escritor. El deseo de perfección también puede ser tu ruina. Aprenderás a liberar tus libros en el momento apropiado. También a ignorar lecturas que no te beneficien en un periodo concreto de tu educación. Renunciar a un libro no es olvidarse del hecho literario, sino elegir lo mejor para el periodo indicado. Escribir también exige cierta dosis de cinismo y seguridad en uno mismo. Sentarse a redactar demanda coraje, disciplina y amor propio. Es un ejercicio de reafirmación. No se escribe con dudas. Estas deben quedar fuera de los papeles de trabajo. Abrigo la intuición de que el proceso de aprendizaje no terminará nunca. Que uno llega a viejo —quiero decir: a muy viejo— y cada día hay otro secreto detrás de la puerta. Te lo confieso para que modules la soberbia y la excesiva confianza en los poderes de la cultura. A esa edad lo normal es que la lectura de Dostoievski o Balzac haya terminado por perturbar tu capacidad de percibir el entorno con claridad. No es difícil sobrevalorar lo que uno hace y, a la manera de Don Quijote, salir a pelear con molinos de viento. Suena atractivo padecer esta imagen, infeliz y conmovedora a un tiempo. Años después te digo que el romanticismo de la derrota es una falsedad. Tropezar genera conocimiento, pero también puede aprenderse con el ejemplo de los demás. Confío en tu cautela y disposición para no perder las riendas de tu proceso creativo. La literatura es un culto secreto de muy pocos fieles y el mundo camina a otro paso. Las exigencias de la vida —pagar las cuentas, acudir al dentista, celebrar un aniversario—, existen por una razón y son parte de un ceremonial que deberás cumplir. Te rehusarás a hacerlo y las consecuencias serán tangibles. No llegaré al extremo de recomendarte nada. Al final, somos producto de lo que elegimos cada día y el resultado no debe menospreciarse. Un balance nunca viene mal, de cualquier modo. Avanzar en la construcción de un proyecto literario implica demostrar que nada nos distanciará de él.

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General, Haicum

Haicums – 8

Los rayos del sol

me producen migraña.

Otro achaque.

*

Música actual

en medio de la nada.

Es un secreto.

*

Cayó mi lápiz

y se le rompió la punta.

¡Qué torpe eres!

*

Nos peleamos

porque viaja la mosca.

Mátala pronto.

*

Sabes a melón

sin dulzura ni gracia.

Un fruto rancio.

*

Lo dejó solo

en la banca del parque.

Dejó las flores.

*

Nuestro padecer

es broma para otros.

Mejor silencio.

*

En el momento

más alto, te desplomas.

Se ha visto tanto.

*

Sin el bigote

la vida es distinta,

y yo no tengo.

*

Será sublime

lo que tú creas que es.

Asúmelo ya.

*

Sin la angustia

se vive sin presiones.

Es la libertad.

*

Hoy me operan

de un padecimiento

que me fastidia.

*

No te conozco,

mejor que así sea.

Estoy cansado.

*

El cine mudo

es perfecto para mí.

Cerca y lejos.

*

Un grillo molón,

ruidoso y oculto.

No se callará.

*

No es mi casa,

debo quedarme quieto

en esta silla.

*

Tengo monedas

para los indigentes.

No aparecen.

*

Nunca se pinten

las canas o el pelo.

Mejor natural.

*

Nunca te vayas

del refugio que tienes.

Habrá muy pocos.

*

El gato siente

que no estás de humor.

Háblale dulce.

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Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 3

Habrá días en que te levantarás con entusiasmo por haber logrado una sola línea. Pero en otros querrás olvidarte de tus lecturas y ser como el resto de los individuos. Elegiste un camino que no tolera la renuncia. Una vez que lo inicias sientes el impulso de llevarlo hasta su fin, así te conduzca directo al fracaso —lo que sea que esto signifique. No pienses que te escribo desde la cúspide del éxito. El calendario marca que tengo treinta y cinco años. Ya no soy joven aunque tampoco un viejo. He aprendido ciertas astucias. Di a conocer algo de mi producción literaria y no soy el último de la lista. Mi aprendizaje aún no termina. Anhelo hacer muchas lecturas más y asimismo olvidar algunas que ya no me parecen beneficiosas. Porque es falso ese integrismo que postula que toda lectura es buena en sí misma. Muchos libros pueden ser perjudiciales en cierta etapa de una carrera de lector. Jamás le daría Finnegans Wake a un joven que desea formarse como escritor. Lo desanimaría al grado de que podrían abandonar su tentativa y, no obstante, es un libro de primer orden. Tampoco le acercaría La muerte de Virgilio o la narrativa de Thomas Bernhard. Cada quien establece su tiempo para llegar a ciertos autores fundamentales. Un acto que, por otro lado, tampoco es obligatorio. No imagino a Miguel Hernández leyendo libros formalmente complejos. Afrontar la vida es otro modo de lectura. La sucesión de hechos humanos es una narrativa continuada que debe interpretarse según el estado de ánimo. No deberá desilusionarte que los demás te ignoren. Que les parezca natural que un joven quiera escribir y pasen de largo ante tu anhelo. Sé fiel a tu proyecto y concéntrate en lograr más páginas. Este será tu entrenamiento. Tu determinación te llevará a la Facultad de Filosofía y Letras y ahí afilarás tu criterio de lector, cualidad imprescindible para ejercer la crítica y la autocrítica. Te doy aliento para continuar y ahora yo mismo necesito que alguien me lo proporcione. Se publicaron cuatro libros míos en dos años. Cumplo con una meta personal y una aspiración que venía de años atrás. ¿Qué sigue? No lo sé. He leído comentarios en la prensa y juicios positivos de amigos. Que si se lee ahí una “propuesta”, que si es un inicio “prometedor”, que si el estilo es “diáfano y notable”. Estos comentarios pueden ser una jaula de miel. Quedar atrapado en el azúcar de la adulación puede ser un acicate para bajar la guardia y dejar de lado la tentativa de crear objetos más arriesgados. La tradición literaria no avanza debido a los aplausos, sino al vapuleo constante y la agitación provocadora. Deberás enfrentarte, además, a un momento editorial que privilegia la novela por encima de las demás modalidades de escritura. El aforismo, el cuento y la narrativa breve atraviesan un periodo de marginación. Y aún con todo se seguirán practicando, a la manera de un culto secreto. Quizá tengas el valor de escribir con firmeza e ignores estas directrices editoriales. Yo lo hice y me retrasó la publicación de algunos libros. Serás leal a la idea del viaje como estallido narrativo. Entreverás en el acto de hacer una maleta cierta expresión sutil del autoconocimiento. Porque salir es entrar y olvidarse de toda posibilidad de llegar a la silueta elusiva del yo. Esto es algo que yo descubro ahora mismo, así que prefiero no restarle emoción al trayecto. Iniciarás libros con entusiasmo y luego los abandonarás. Terminarás concretando los menos pensados y se aguzará tu capacidad para tramar. Ya no será necesaria una historia prevista para iniciar un relato: aparecerá según la escribas. Después de los treinta y cinco años se escribe porque es un oficio o una pasión imposible de sosegar. Éste será tu caso. Te ganarás la vida ejerciendo otros oficios y lo que llaman la “profesionalización de la escritura” te será tan ajeno como la astrofísica. Cada que tomes una pluma se abrirá una galaxia por descubrir. La palabra será cómplice de un culto que te llevará por veredas inusitadas. Cualquier actividad que emprendas, así sea ir a comprar un kilo de tortillas, podrá ser una ocasión para darle vida a otro artefacto de palabras. Entonces lucharás contra el tiempo y la fugacidad, la urgencia y los pendientes, la salud y los requerimientos de familia. Se refiere que se escribe en soledad y esto es cierto. Lo que no dicen es que la sociedad conspira para que no escribas. Aquí hay una tensión que deberás superar so pena de perder tu salud mental. Deberás atender compromisos sociales y otros menesteres. El entorno se organiza para retirar a las personas de actividades que requieren silencio y dialogo interior. Escribir es alejarse, ya lo sabes para ese momento. No hay línea que no se haya ganado en medio del tumulto y el sobresalto. Los párrafos se cosechan. En un primer momento se plantan las palabras y según volvemos y se riegan con adiciones y sugerencias, germina un fragmento de significado que puede ser revisitable, incluso para su autor. Así con cada párrafo que sutures para lograr un organismo más complejo.

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General, Haicum

Haicums – 7

Luz que se pausa

antes del amanecer.

Duermes y roncas.

*

Tu repetición

es el síntoma mortal

de tu padecer.

*

El perro come

las croquetas con agua

y sobrevive.

*

Paso de lince

para el primer beso.

Luego, salvaje.

*

Esta palmera

se agita violenta:

casi como tú.

*

Llega navidad.

Dulces, adornos, luces.

Memoria viva.

*

“Eres un tonto”,

“Y nunca haces nada”.

Cuelgo y ando.

*

Gota de lluvia

en mi cabeza seca.

Duele el cuero.

*

Y te adoré

antes de tu locura.

No es posible.

*

Tus labios rojos,

luego de aquel dulce.

Parece brillo.

*

Huele a vino.

Filme de Valentino.

Lloras al final.

*

Suenan las voces

al fondo del pasillo.

Viaje temporal.

*

Comes papaya,

muerdes una semilla.

Gesto amargo.

*

Sales del baño

y ya hueles a limpio.

No dura nada.

*

Tiro mis lentes

en esta borrachera.

Pérdida total.

*

Vas por tortillas

para comer tacos.

¡Ya no hay nada!

*

No presto libros,

ni los pido prestados.

Siempre amigos.

*

Nieve de limón

para curar la gripa.

Jamás funciona.

*

Sopor áspero

por una pesadilla

que ronda fiera.

*

No me resigno

a ser un descreído.

Te busco, siempre.

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General, Haicum

Haicums – 6

Riñón con piedras.

Tormento al orinar.

No lo merezco.

*

Tumba sin nada,

sin memorias ni amor.

Los ojos secos.

*

Ya sin recuerdos

a la deriva triste,

en este sopor.

*

El valle zumba.

Cascada de sonidos.

Día en arco.

*

Traición del reloj,

cuando me falta sueño.

Veloz se fuga.

*

Cumple mi ley:

ríe todos los días.

De ti, primero.

*

Diente con caries

al fondo de la boca.

Duelen los besos.

*

Enfermedades

durante el invierno.

Sufre mi cuerpo.

*

Ya sin profetas,

el mundo es sombrío.

Fin de la verdad.

*

Nada que reste

tu goce de ser feliz

debe importar.

*

Vive la nota

en el centro de todo.

Nadie escucha.

*

Nunca aprendes

de lo que te sucede.

¡Todo de nuevo!

*

Tus ojos fallan

cuando cae la noche.

Busca ayuda.

*

Gira el disco

en este reproductor.

Baila tu cuerpo.

*

El horizonte

nos dibuja con candor.

Abre el día.

*

Ayuno por ti,

no dejaste comida.

Mi alma llora.

*

Aullidos brotan

de las lejanas cuevas.

La carretera.

*

Dulces de fresa

para tu cumpleaños.

Mueres de risa.

*

Cuerpo y alma

para pedir de comer.

Marca sereno.

*

Eres guerrero

para comer y beber,

pero nada más.

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General, Haicum

Haicums – 5

Té de canela

y un poco de café.

Todo mejora.

*

No tienes pecas

en la espalda blanca:

eres perfecta.

*

Mueren los días

sin que nadie lo note.

Todos se duermen.

*

Sangra mi dedo,

lo corté sin precaución.

Duele mi mano.

*

Me haces falta.

Incienso cuando estás,

vinagre sin ti.

*

Línea de sombra.

Solo a medianoche,

cubro mi rostro.

*

Pareces oso

con hambre y mucha sed.

Pide alitas.

*

No me reproches

porque llego de noche.

Bésame hondo.

*

Viajas a Taxco

para comprar regalos.

No me olvides.

*

Siento tu pena.

Era una gran mujer.

Lleno tu copa.

*

No tengo tiempo

para imaginarte

en esa playa.

*

No la busques más,

controla tu emoción.

Paso de liebre.

*

No habrá nieve

para los deprimidos.

Tampoco café.

*

Los brillos del sol

en el camino largo.

Viajo a Oriente.

*

Tienes la forma

de un número impar.

¿Cuál podría ser?

*

Dios huele a mar.

Es fresco y salado,

como los peces.

*

La licuadora

debe ser reparada.

Yo no lo haré.

*

Nuestro vínculo

fue producto del alcohol,

y ya camina.

*

No hay grisura

cuando estás conmigo.

La vida cambia.

*

Lloro si te vas

y lloro si te quedas.

Sólo sé llorar.

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General, Haicum

Haicums – 4

Brazos de oso,

en esta medianoche.

Piel de gallina.

*

El periódico

tirado y con polvo.

Nada sucede.

*

Voy con el doctor.

Me duele la cabeza.

No me recibe.

*

La brisa canta

con acento fúnebre.

Negro presagio.

*

Tomo tu mano

y procuro besarla.

Te escurres libre.

*

Tienes coraje

para salir temprano.

Duro trabajo.

*

Aquella pluma

yace lejos sin tinta.

Es un cadáver.

*

Sonríes y yo

me alegro por ello.

Las noches con luz.

*

Cae de frente

y suelta una queja.

Sangre que corre.

*

Suenan disparos.

La ciudad es inquieta.

Muertos, heridos.

*

Pan en la mesa.

Es un día de fiesta.

Celebrémonos.

*

Se van los meses.

Aterran estos años,

que son ingratos.

*

En el exilio

vuelvo a tus caricias.

Tus manos tenues.

*

Mala suerte hoy,

mañana nadie sabe.

Salto a nada.

*

Finges sonreír,

luego de nuestro pleito.

Pésima actriz.

*

Te lo escribo

para que no olvides:

muérete pronto.

*

Eres espectral

cuando llega la cuenta.

Vuelas al baño.

*

El policía

te pide orillarte.

¡Bebiste de más!

*

Cuídame mucho.

La luz para tu vida.

Soy heroico.

*

Vuelvo a casa.

Sé que estás enferma.

Apenas hablas.

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General, Haicum

Haicums – 3

Dolor de muelas.

¿Qué puede importarme?

Cerveza fría.

*

Ojos azules.

Reflejos en un cristal,

tan lejos de mí.

*

Lloverá pronto:

guardo la ropa blanca,

pero no llovió.

*

Sudan tus manos,

mejor ni acercarse.

¡Estás molesta!

*

Mala música.

Me duele la cabeza.

Caldo de pollo.

*

Beber con ella

o no beber con ella.

Salto de riesgo.

*

Huelo tu boca,

perfección de tus dientes.

Besos de reina.

*

Un ardor mudo

a cambio de monedas.

Verde la hierba.

*

Esta pobreza

quiebra mi espíritu.

Conjuntivitis.

*

Desconfiar de ti

me hace confiar en mí.

Juego de cartas.

*

Se ignora si

lloras o sólo finges

cuando te miran.

*

Somos esclavos

de ideas innatas,

dicen los muertos.

*

Corre la nube

por este cielo azul.

Acelero más.

*

Amanece gris

y todo huele a ti,

menos mis brazos.

*

Reloj que miente.

Suena Anne Clark de fondo.

Duele tu vida.

*

Pausa sin tiempo,

flagelo de malvados.

El mundo cambia.

*

La esperanza

de que sí vuelvas pronto.

Danzan las ramas.

*

Encrucijadas.

Se extinguen los verbos.

Vuela un ave.

*

Camino solo

hacia ninguna parte.

Piso un charco.

*

Nos maldecimos

siempre al mismo tiempo.

Triste y casual.

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