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esto fue lo logré, te lo platico:
si pones atención y guardas silencio,
escucharás las manecillas del reloj
y cómo el refrigerador
hace cubitos de hielo,
nadie vendrá a buscarme
para ofrecer lo que no necesito,
lo que me permitirá leer
hasta que me ardan los ojos,
o elija volver a la película
más letárgica de Hitchcock
puedo disponer las horas
para arreglar mis estantes,
suspirar por libros que no tengo
y ya nunca podré leer;
escuchar las palabras del perico,
algún pleito familiar o de vecinos;
escuchar a Brahms ―no para “relajarme”,
como solía hacerlo por esnob―,
sino para atender a las notas
gélidas del maestro alemán
entreveo las formas que bailan
a mi alrededor porque notarlas
exige atención y amor propio,
nadie vendrá a cobrarme,
ni a preguntar si aún vivo ahí,
tampoco vendrán a buscarme
familiares menesterosos y peleones
para involucrarme en la calderilla
sentimental que los ahoga
logré un espacio de silencio en la cuidad
desde el cual navegar los signos
y andar las dunas del hallazgo,
la fortuna de la singularidad
y letras de música que nos abrazan
al paso, tal como si quisieran
que las notáramos para hacernos
otro de sus desplantes habituales,
esto fue lo logré, pero ya no sabría
cómo hacerlo de nuevo
vuelvo entonces
a mi paraíso entrelíneas