:
el mundo es el enigma:
le pedí un kilo de tortilla
y anhelé que las empacara
una por una,
era la chica de los videos porno
que me había regalado
tantas horas de placer
(horas es exagerado,
pero sí minutos plenos),
y ahora vendía tortillas,
la leyenda era real:
ella estaba frente a mí,
hay rostros que nunca olvidas
.
la miré atento para recordar
la alegría de su carne,
ajustada en lencería corriente,
comprada afuera del metro Ermita,
Sevilla o Insurgentes,
en el mejor de los casos
.
quise agradecerle su labor,
pero no me visitaron las palabras,
tartamudo le dije que le faltaban tortillas
a mi kilo para ser un kilo,
y que lo pesara de nuevo,
así lo hizo, molesta,
luego le pedí otro kilo,
que pesó con enfado sensual:
yo la podría mirar sin descanso
.
puedo olvidarlo todo:
el cumpleaños de mi hijo,
de mi madre, la fecha de pago
de los servicios básicos,
nunca esos labios carmesí,
pintados de forma ordinaria
para envíar besos a un teléfono
que graba en alta definición
.
me fui sin llevarme las tortillas,
ya no recuerdo si las pagué,
sus videos aún pueden descargarse
para felicidad de miles,
según el conteo del sitio
y es lo único que importa