Poesía, Sin categoría

Encuentro con Charles Bukowski

:

era el Charles de la última época

(los días con Linda),

lo hallé en un bar

de Los Ángeles,

lo adivino

por las luces de neón

y los anuncios

de cervezas que no conozco,

también porque sólo ahí

pudo suceder

.

me senté junto a él

con paso de gato,

mientras él veía un partido

estúpido de béisbol,

como lo son todos,

luego le dije: “Mr. Bukowski,

yo lo intenté,

pese a su consejo,

y no soy el último de la fila”,

no hubo respuesta

.

no me desanimé

porque intuí que eso haría,

después se levantó

para ir al sanitario

y no dudé que volvería

porque en mis sueños

yo digo lo que sucede,

la mayoría de las veces

.

una vez de vuelta

se acomodó en el asiento

y pidió otra cerveza,

con una seña le hice saber

al mesero

que yo la pagaría,

pero me sonrió con la certeza

de que aquello

no sucedería por pedido

del propio Charles Bukowski,

asiduo de aquel lugar,

“algo habrá pasado”, pensé

.

volví a la carga y le dije:

“también hallé en la lectura

el remedio a muchos males,

incluido yo mismo”,

pero él, inmutable,

sólo veía el partido,

aunque en esa ocasión

giró levemente el rostro

para darse una idea

de mi edad o apariencia,

así me lo pareció

aunque no fue evidente

.

no recuerdo quién jugaba,

y daba lo mismo,

imagino que Charles tendría dinero

apostado en aquel juego,

como solía hacer,

y me resigné a mirarlo

como él hacía,

mientras ideaba otro modo

de hablarle

sin incomodarlo demasiado

.

una vez que terminó el juego,

se vació el bar,

Charles hizo una broma

al mesero de la barra

sobre algún jugador

(que no pude captar),

y ambos rieron cómplices

por una afición compartida

.

Charles hizo algunos arreglos

que presagiaron su salida,

así que pagué mi cuenta

y me enfilé hacia la entrada,

“¿puedo acompañarlo

a su casa?”, le pregunté,

entonces una voz rocosa

y algo ebria, respondió:

“no escribas sobre esto”,

respondió en voz baja,

“nadie te lo creerá”,

y entonces guiñó el ojo

.

la noche angelina era tersa

y chispeante,

un viento ligero nos refrescó

nada más salir,

algunos corrían muy ligero

o paseaban a su perro

y otros sólo vivían,

antes de entrar a su casa,

dijo: “si vas a intentarlo,

hazlo hasta el final”

.

lo miré entrar a paso lento,

adiviné que dormiría

con un sopor de montaña,

y ya no volteó, ni yo

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