:
le pregunté a mi gurú:
«¿qué es la verdad?»,
pero no me respondió
.
más tarde le pregunté:
«¿cómo puedo librarme del yo?»,
pero sólo me miraba
.
antes de renunciar, le pregunté:
«¿en dónde hallar la sabiduría?»,
pero ya no me escuchó
.
acudió paciente a su plato
de croquetas
y se sentó a un lado,
con postura resignada
y actitud suspirante,
entonces miré el reloj:
ya había pasado
su hora de comer
.
luego comprendí:
la respuesta a esa pregunta
(y acaso a todas ellas),
es allanarse a la sincronía
para armonizar con el universo
y encontrar la libertad
en la disciplina:
accionar la realidad
y no que ella se accione
en contra nuestra
.
luego de comer
miramos televisión
y nos compartimos
la tibieza del sillón,
sin más preguntas,
ni más respuestas