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Epístolas a ningún discípulo – 8

Una cuesta al frente es una oportunidad sin igual para medir fuerzas, lo mismo que la redacción o lectura de un libro. Los grandes clásicos son montañas que se escalan a lo largo de una vida, una o varias veces, según sea el caso. Las Memorias de ultratumba de François-René, vizconde de Chateaubriand o los Ensayos de Michel de Montaigne, son obras que deben visitarse de manera espaciada, intuyendo en cada lectura la emisión de un mensaje cifrado. Porque según emprendas la escritura de una obra, necesitarás referentes para fundar el estilo o perseguir un modelo del pasado. Las formas esenciales del arte han permanecido intocadas desde el origen de la civilización. Varían los temas, los personajes, los nombres de las obras, el estilo. En el fondo, se escribe de lo mismo pero en una circunstancia distinta. Esto nada tiene que ver con la originalidad, que es posible y deseable. Hay opción para introducir variaciones en esos temas originarios y con ello acentuar una poética inédita. No te esmeres de más en esta búsqueda. Muchos han perecido tras el ideal de un modelo novísimo y terminan sepultados bajo la abulia. Mejor sé fiel a tus preocupaciones y anhelos. Lo que llaman “fantasmas del escritor” no son más que las particularidades de cada historia, las coordenadas específicas en las que uno nace y se forma y que determinan en parte lo que somos o podemos llegar a ser. Jean-Paul Sartre es claro: “Habremos de ser lo que hagamos, con aquello que hicieron de nosotros”. Ignoro si el filósofo francés hacía deporte. Tiendo a pensar que no. Quizá le habría aportado la claridad que no tuvo y que tantos lectores le reprocharon con el abandono de la lectura de su obra. En la actividad deportiva no hay lugar para el derroche. Todo debe estar concentrando en lograr la meta estimada. En eso se distancia de la bohemia. No desconfío de los autores que lograron escribir en estado de ebriedad o bajo los efectos de sustancias, pero tú no podrás hacerlo. Necesitas la disciplina de un horario y una meta fila para lograr objetivos. Tachar un pendiente es uno de los placeres menos apreciados de la actualidad. Ahora todo es aplazable, cualquier objetivo puede ponerse en pausa para reiniciarse luego o incluso abandonarse por siempre. No escribo estas líneas en las mejores condiciones. Hay ruido de fondo y en cualquier momento una persona podría entrar a esta oficina con un pendiente de urgencia. Lo mejor es que asimiles que los olimpos del ingenio no existen o están lejos de tu alcance, que debes desarrollar la capacidad de escribir en cualquier entorno y condición posible. Es difícil, aunque jamás imposible. Esto te permitirá disminuir la angustia que sientes respecto a que nadie colabora contigo en ese proyecto vital. Y no tendrían por qué hacerlo, si lo analizas a fondo. Los éxitos o fracasos serán tuyos en exclusiva. Cuentas con tu ingenio y tenacidad para concluir lo que emprendas. De ir y venir entre dudas llegarás a ciertas conclusiones fundamentales: (i) que es posible escribir sin otra aspiración más allá de lograr escritura por sí misma; (ii) que estás consciente de lo que esto implica y no tienes reparos en que jamás llegues a esa imagen providencial del creador que también es guía de los hombres; (iii) que la literatura ayuda a vivir al enriquecerla con historias de otros individuos; (iv) que una vez que empezaste a escribir, ya no lo abandonarás; (v) que serás autocrítico para evitar quitarle el tiempo a tus potenciales lectores, y otras más. Escribir se asemeja a caminar, correr y andar en bicicleta. Son ejercicios de movilidad para integrar lo que se posee en conocimiento y experiencia con nuevos elementos aportados por el entorno. La magia de la calle es imperecedera. Cruzar el umbral de una puerta aún es una promesa de salvación y aventura. En el aire libre se detienen a reposar las musas del ingenio y la creación. Todo lo que soñamos pasa por el filtro de las actividades cotidianas. Sobrevivir a un día implica olvidarse de las pequeñas maldades de los otros, para concentrarse en las bondades infinitas de todo cuanto existe y además se proporciona de manera gratuita. Un proyecto de escritura a largo plazo exige cubrirse los oídos cuando las hienas rían y los tiburones se preparen para el ataque. También poner atención cuando las sirenas entonen sus himnos. No hay libro que valga la pena ser leído que no tenga una página que el autor ignore cómo se construyó, o de dónde nació tal o cual intuición. Llegado cierto punto, el creador se concentra en el objeto y deja ir la pluma, pincel, lápiz o el instrumento que utilice para capturar un instante de belleza.

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