Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 7

De un modo azaroso, te iniciarás en la práctica de caminar, correr y el ciclismo. La convicción de ser escritor tendrá vaivenes. Sin alguien que te aconseje de primera mano, parecerá una actividad reservada para individuos adinerados o bendecidos con un entorno favorable. En esos lapsos de falta de convicción harás deporte. Un joven tiene la obligación de hacerlo, además. Poner a trabajar tu organismo es el medio ideal de lograr un equilibrio interior. No dejarás de pensar en los libros, en lo que te aportan y habita en sus páginas. Muchos años después, llegarás a la conclusión de no fueron horas perdidas. Que durante esas caminatas, largas y a paso lento, intuirás otra forma posible del mundo, accesible sólo a través de la palabra. También aprenderás el sentido de lo social y sus implicaciones. El espectáculo vivo de un parque en domingo será una lección invaluable para un escritor, aunque depende de la capacidad de observación que se tenga. Al caminar se intuyen secretos que no serán resueltos en la marcha, aunque nos harán soñar en los días perezosos. De estas experiencias se alimenta la literatura, que no es sino una meditación sobre el mundo. De manera natural, caminar te acercará a la carrera, de la que obtendrás algunas satisfacciones. A la distancia, caminar y correr te aportarán disciplina para cualquier actividad que emprendas. Es un primer contacto con el tesón que se necesita para lograr objetivos. Los párrafos de un libro se logran con aplomo y paciencia. Hay que volver sobre ellos para eliminar o añadir matices y giros. Esta preocupación por el lenguaje es el capital del escritor. Nada más se confía a la fórmula que le dio algún éxito, su obra menguará en calidad y arrojo. Salir a caminar, además, nos pone en contacto con el mundo que nos rodea. Es una exploración de límites y aspiraciones. Podremos escribir de lo que nos consta —así sea literatura fantástica o de ciencia ficción—, pero lo más importante es que el hecho humano no esté lejos de nosotros. Es necesario andar entre los hombres para tener una perspectiva nutrida de lo que podemos alcanzar o no. Sudarás con obstinación en las pistas y, de manera ocasional, incluso ganarás alguna medalla. Esto te hará pensar que podrías ser una estrella del deporte. Pondrás tu máximo esfuerzo aunque otra imposición familiar limitará tus aspiraciones. Te harán entender que la escuela es prioritaria, que es ahí en donde debes enfocar tus esfuerzos. Así que lo harás lo mismo obligado por la circunstancia: la intuición de que correr es una actividad tan lujosa como la escritura. O incluso más, ya que su duración es muy corta. Una estrella de esa naturaleza es un parpadeo en la historia deportiva. Amanecen y andan directo al crepúsculo en poquísimos años. Sin sentirlo, los libros significativos estarán cerca de ti. Habrá maestros que te verán leyendo y te acercarán más libros. Unos muy apropiados para la edad como Hace falta un muchacho de Arturo Cuyás Armengol, que leerás con sobrada atención por las imágenes que lo ilustran. También por las citas de autores célebres que acompañan la lectura. Ideas sobre la honestidad, el coraje, la valentía. Hay muchos aspectos de la educación que no cubre ni la escuela ni la familia. Son aspectos íntimos que no nos atrevemos a revelar por temor a sentirnos ridiculizados. La lectura temprana te dotará de herramientas para entender el mundo más rápido que los demás. Serás un adelantado, si es posible decirlo. Intentarás lecturas de gran calado que te vencerán aunque no doblegarán tu espíritu. Tu intuición será capaz de revelarte que todo tiene su tiempo. Apreciar un verso de Virgilio o un relato de Samuel Beckett, es una destreza que se aprende con el ejercicio de la lectura. Al igual que los corredores, para los que la actividad cardiovascular aumenta el volumen del corazón, los lectores logran ampliar el tamaño de su memoria. Tendrás más datos para conectar y lo harás en el menor tiempo posible. El oficio literario tiene muchas semejanzas con la costura. Los zurcidos no deben verse y deben aguantar el uso diario y también los excesos. No se confía en un pantalón que se rasga a la primera puesta. Así que de correr y caminar pasarás al ciclismo, de manera natural. Para este punto ya detectaste que te inclinas por deportes individuales, en los que el triunfo o la derrota serán sólo tuyos. Es el mismo caso de la escritura. Los grandes autores te aportarán su conocimiento y desarrollo, pero las líneas que redactes serán tu responsabilidad. Ser escritor se asemeja a ser corredor de larga distancia: solitario, apasionado, en lucha contra la resistencia del cuerpo y la inclemencia de un entorno no siempre favorable. Entre cada libro que se escribe debe haber un lapso para jadear lo necesario y recobrar las energías. En el centro del pensamiento del que corre y escribe hay una sola esperanza: resistir. La tenacidad y obstinación son aliados naturales de quien practica una disciplina artística. Muchos individuos con capacidades superiores abandonan su labor, incapaces de lograr la dedicación necesaria para darle forma a un objeto. La genialidad desbordada sin disciplina termina por actuar en contra de quien la tiene. Es un volcán en erupción, vehemente e intempestivo. Pocos esperan a que esa lava quede seca para entonces detectar los signos que se dibujaron aquí y allá. La bicicleta, por su parte, es una de las herramientas más a la mano para el autoconocimiento. Además de aportar encanto al viaje, tiene la cualidad de ser empleada para fines de crecimiento personal.

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