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ante la fiebre y la soledad,
el corazón de acero,
ya no hay cuatro hemisferios,
mi sueño, que fue verídico
sobre cada posibilidad
consustancial al universo,
habita disperso en los seres
que ya no existen en el reflejo
de ese temor, que es universal
al igual que los amigos,
salga el sol o se ponga,
la fruta no es para llevar
en el bolsillo o en la espalda,
pido a la noche del candelabro
que me salve de emitir un grito
tan exasperado como inútil,
y para ello bostezo al final del relato
porque las horas ya se fugaron,
así que fracasan de nuevo las estrategias
del enemigo que nos acosa
para quebrarnos las ilusiones,
ayudemos en lo posible
más allá de estas fronteras,
fortifiquemos este pueblo
de aquella fuerza exterior
o no habrá esperanzas
para ningún ser viviente:
ya no hay cuatro hemisferios