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Aquello sucedió una mañana
de marzo.
*
Luego volví a la banca del parque
para meditar lo siguiente:
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Años atrás
murió mi abuela
y con ella su voz
rocosa de pirámide
en medio de la nada.
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hoylapienso
ensuirreparableolvido
deespaldasalmundo
siempre frente a sí misma.
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Fue una mujer valiente
que padeció el aullido
de las hienas y los cobardes.
La vislumbro frente al mar,
inhóspito y misterioso.
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Me reconozco preso de mí
en la perfecta soberanía
de los arrogantes.
Es un arco que se tensa
cuando lo miramos
y nunca cuando
deseamos que lo haga.
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La flecha se petrifica
en los márgenes
y se posa sobre sí misma,
ante los ojos
del miserable y el pérfido.
*
Concluyo que el perro
siente miedo
de la pirotecnia
y yo,
en medio de la paradoja,
del silencio,
me inquieto por las aspas
del ventilador
que no dejan de girar.
*
También busco refugio
ante lo inexplicable:
eso nos hermana,
nos distancia
y nos desvanece.
*
Luego de que murió
mi perro
por esa enfermedad
diabólica
que llaman “cáncer”,
nos encontramos
en sueños,
a la misma hora,
en el parque
que solíamos visitar
para unos lances
de pelota.
Y él vuelve
a ser un cachorro,
y yo aquel joven cándido
que lo ignoraba
todo de la muerte,
el dolor y la ausencia.
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