Es una lástima que no hayas conservado ninguno de tus cuadernos de dibujo. Podría mirarlos ahora que escribo estas notas y sentir cierta felicidad por haber sido tan inquieto. Siempre te preguntabas de dónde venía ese impulso de crear. Te cuento: no lo descubrirás, pero tampoco podrás detenerlo. Estaincógnita se mantiene como una de las más sólidas del género humano. ¿Por qué una persona elige escribir/dibujar/pintar/esculpir, en lugar sólo de vivir la vida? ¿Es tan difícil experimentar las formas y no intentar reproducirlas de alguna manera? Recuerdo cómo salías de la casa con un cuaderno bajo el brazo y pasabas horas en los parques, dibujando hojas, árboles y transeúntes. No me parece tiempo perdido, a la distancia. En esos lapsos de soledad llegaste a conclusiones de primer orden. También experimentaste el desafío de un entorno que no valoraba la creación ni le preocupaba, mayormente. El arte siempre ha sido un artículo suntuoso y otras premuras tienen un sitio de privilegio. Nadie ha reparado en la rebeldía que implica, por ejemplo, sentarse a escuchar una ópera o leer un clásico olvidado, incluso por los letrados. Abundan esta clase de libros. Tienen una consideración muy significativa para la alta cultura, pero ya no es posible ni siquiera conseguirlos en las librerías. Quedan como parte de un conocimiento esotérico y críptico. Puedes visualizar la cultura como un océano de propuestas. Unos navegan en un sentido, otros optan por abandonarse al movimiento sutil de las mareas o, de plano, se confían al refugio que ofrece el pasmo. Descubrirás que muchos dormitan entre los olivos que cortaron antes creyendo que no pierden su verdor y frescura. Esto es falso. La búsqueda es interminable. Siempre hay veredas que no se han caminado, formas inusuales para transitar y saltos que en otro tiempo no consideramos o fueron desechados por juzgarlos imposibles. Quizá redacte algo semejante a estas notas diez años después, para averiguar cuál fue el desarrollo de mi trayectoria o si, de ser el caso, sigo creyendo que la literatura importa para algo, así sea ínfimo. Al día de hoy dejé de considerar que tiene cualidades providenciales, pero me salva de la autodestrucción o de diluirme con mujeres o alcohol. Es un contenedor de emociones desbocadas. Al menos me permite entusiasmarme con tal o cual obra e ilusionarme de que lo que escribo al respecto podría tener algún valor. Podría jurar que habrías elegido una vertiente no figurativa. Te entregarías a explorar texturas en el lienzo y pasos saltarines de formas rítmicas. Caer al abismo implica rodearse de conformismo y autocomplacencia. Adormilarse en el flujo del tiempo histórico. Las posibilidades que ofrece la escritura no son menos. Son distintas, eso es claro. Se trabaja un libro con esmero y atención al detalle. A diferencia de la pintura que admite el juego libre del azar, en la construcción de una obra literaria todo debe estar calculado, incluso la incorporación de elementos azarosos. Exige un paso de lince previo al ataque de la cebra. Después del dibujo intentaste la pintura, como un paso natural. Fue difícil allegarse de los materiales pues, como referí, en casa se desconfiaba del arte. Un hijo pintor hubiera sido peor para la familia que un hijo en la cárcel. No cabe duda que la educación de los padres impacta el crecimiento de los hijos. Hay que ser un espíritu grande para oponer la entereza necesaria a sus deficiencias y, llegado el momento, demostrar que no tuvieron un efecto negativo. Que se tiene el corazón limpio de rencor, por lo que puede avanzarse libre en la secuencia de la vida. Aún recuerdo la honda impresión que te produjo descubrir a Salvador Dalí, a los demás surrealistas y a otros pintores como Oscar Domínguez o Edgar Degas. Lo refiero porque ahí empezó tu engarce con la cultura universal. Es la fecha que detona una fiebre por descubrir, de la que jamás te curarías. Es la misma excitación que te llevará a ser asiduo del cine, la historia y la filosofía. Estos encuentros formaron tu criterio y perspectiva de creación. Somos lo que asimilamos, al menos en términos de cultura. Pero no me pareció triste, pasados los años, ese necesario viraje de disciplina. La literatura es una cantera de ideas, pensamientos e historias. Su poder late en el misterio del mundo. Todo tiene referente en un personaje o una anécdota fundacional. A su lado, la mitología y la historia se nutren una a la otra y derivan contenidos irremplazables. No debería sugerirte nada —soy producto de lo que hiciste o dejaste de hacer—, pero es importante tener muy presente a la mitología clásica, ese tejido de relaciones de la antigüedad que une nuestra interpretación de la historia humana. Ayúdate con la pintura, a la que veneras sin discreción. Los pintores de relevancia pintaron miles de escenas mitológicas y bíblicas. Todo lo que se crea tiene que ver con esas historias germinales, al final. Asimilarlas te permitirá asomarte a espacios que parecen reservados sólo para el especialista, pero que han permeado el pensamiento humano en todas sus vertientes. ¿Recuerdas cómo te entusiasmó Picasso? Luego creíste que destruir la reproducción exacta de la realidad podía generar una poética novedosa. No deberás preocuparte por el tiempo que tienes al frente, sino por emplearlo en actividades productivas.
