Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 3

Habrá días en que te levantarás con entusiasmo por haber logrado una sola línea. Pero en otros querrás olvidarte de tus lecturas y ser como el resto de los individuos. Elegiste un camino que no tolera la renuncia. Una vez que lo inicias sientes el impulso de llevarlo hasta su fin, así te conduzca directo al fracaso —lo que sea que esto signifique. No pienses que te escribo desde la cúspide del éxito. El calendario marca que tengo treinta y cinco años. Ya no soy joven aunque tampoco un viejo. He aprendido ciertas astucias. Di a conocer algo de mi producción literaria y no soy el último de la lista. Mi aprendizaje aún no termina. Anhelo hacer muchas lecturas más y asimismo olvidar algunas que ya no me parecen beneficiosas. Porque es falso ese integrismo que postula que toda lectura es buena en sí misma. Muchos libros pueden ser perjudiciales en cierta etapa de una carrera de lector. Jamás le daría Finnegans Wake a un joven que desea formarse como escritor. Lo desanimaría al grado de que podrían abandonar su tentativa y, no obstante, es un libro de primer orden. Tampoco le acercaría La muerte de Virgilio o la narrativa de Thomas Bernhard. Cada quien establece su tiempo para llegar a ciertos autores fundamentales. Un acto que, por otro lado, tampoco es obligatorio. No imagino a Miguel Hernández leyendo libros formalmente complejos. Afrontar la vida es otro modo de lectura. La sucesión de hechos humanos es una narrativa continuada que debe interpretarse según el estado de ánimo. No deberá desilusionarte que los demás te ignoren. Que les parezca natural que un joven quiera escribir y pasen de largo ante tu anhelo. Sé fiel a tu proyecto y concéntrate en lograr más páginas. Este será tu entrenamiento. Tu determinación te llevará a la Facultad de Filosofía y Letras y ahí afilarás tu criterio de lector, cualidad imprescindible para ejercer la crítica y la autocrítica. Te doy aliento para continuar y ahora yo mismo necesito que alguien me lo proporcione. Se publicaron cuatro libros míos en dos años. Cumplo con una meta personal y una aspiración que venía de años atrás. ¿Qué sigue? No lo sé. He leído comentarios en la prensa y juicios positivos de amigos. Que si se lee ahí una “propuesta”, que si es un inicio “prometedor”, que si el estilo es “diáfano y notable”. Estos comentarios pueden ser una jaula de miel. Quedar atrapado en el azúcar de la adulación puede ser un acicate para bajar la guardia y dejar de lado la tentativa de crear objetos más arriesgados. La tradición literaria no avanza debido a los aplausos, sino al vapuleo constante y la agitación provocadora. Deberás enfrentarte, además, a un momento editorial que privilegia la novela por encima de las demás modalidades de escritura. El aforismo, el cuento y la narrativa breve atraviesan un periodo de marginación. Y aún con todo se seguirán practicando, a la manera de un culto secreto. Quizá tengas el valor de escribir con firmeza e ignores estas directrices editoriales. Yo lo hice y me retrasó la publicación de algunos libros. Serás leal a la idea del viaje como estallido narrativo. Entreverás en el acto de hacer una maleta cierta expresión sutil del autoconocimiento. Porque salir es entrar y olvidarse de toda posibilidad de llegar a la silueta elusiva del yo. Esto es algo que yo descubro ahora mismo, así que prefiero no restarle emoción al trayecto. Iniciarás libros con entusiasmo y luego los abandonarás. Terminarás concretando los menos pensados y se aguzará tu capacidad para tramar. Ya no será necesaria una historia prevista para iniciar un relato: aparecerá según la escribas. Después de los treinta y cinco años se escribe porque es un oficio o una pasión imposible de sosegar. Éste será tu caso. Te ganarás la vida ejerciendo otros oficios y lo que llaman la “profesionalización de la escritura” te será tan ajeno como la astrofísica. Cada que tomes una pluma se abrirá una galaxia por descubrir. La palabra será cómplice de un culto que te llevará por veredas inusitadas. Cualquier actividad que emprendas, así sea ir a comprar un kilo de tortillas, podrá ser una ocasión para darle vida a otro artefacto de palabras. Entonces lucharás contra el tiempo y la fugacidad, la urgencia y los pendientes, la salud y los requerimientos de familia. Se refiere que se escribe en soledad y esto es cierto. Lo que no dicen es que la sociedad conspira para que no escribas. Aquí hay una tensión que deberás superar so pena de perder tu salud mental. Deberás atender compromisos sociales y otros menesteres. El entorno se organiza para retirar a las personas de actividades que requieren silencio y dialogo interior. Escribir es alejarse, ya lo sabes para ese momento. No hay línea que no se haya ganado en medio del tumulto y el sobresalto. Los párrafos se cosechan. En un primer momento se plantan las palabras y según volvemos y se riegan con adiciones y sugerencias, germina un fragmento de significado que puede ser revisitable, incluso para su autor. Así con cada párrafo que sutures para lograr un organismo más complejo.

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