Diario público, General

Diario público de la cuarta década – 2

Una vez en el hospital me explicaron la gravedad de mi situación. Aún era “joven” pero debía cuidarme. Había sido un buen atleta en la adolescencia. Cuando llegué a los libros me olvidé del deporte. Eso sucedió después de los quince años. A partir de entonces nada me parece más interesante que un libro, ni aún quienes los escriben. La ciencia lo explica todo muy fácil. Improvisan una teoría sobre tus hábitos y no necesitan más que unas muestras de los líquidos que recorren tu cuerpo para llegar a sus conclusiones. Aún ignoro lo que sucedió en realidad. Fue un estremecimiento general que inició con una taquicardia inexplicable ─me hallaba sentado en un sillón. Líneas de luz se me cruzaron por el rostro y la imposibilidad para respirar me llevó al suelo. En una fracción de segundo me preparé para ese tránsito que sabemos llegará aunque nadie esté preparado. Un sudor frío me cubrió el rostro y bufaba para evitar la pérdida del conocimiento. Todo fue inútil. Fue un amargo crepúsculo que me instaló lejos de la claridad. Desperté minutos más tarde, desorientado y con la boca seca.

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