General, Mecánica potencial

Paternidades de papel

Sería riesgoso afirmar que Mary Shelley no soñó con Víctor Frankestein antes de sentarse a redactar la novela. De igual forma lo contrario. Lo que es posible sugerir es que el monstruo, luego de ser arrojado al flujo de la vida, comprobó la funcionalidad de sus extremidades antes de utilizarlas. No es imaginable que se haya levantado de la tabla de cirugía sin flexionar las piernas, por ejemplo, lo que implica actividad cerebral, esa forma de tránsito. Es el acto que inaugura su errar perpetuo, que sucederá con cada lector que fatigue sus páginas. La búsqueda del padre exige avivar los sentidos, trenzar referencias y concentrar las preguntas para plantearlas con un mínimo de palabras. ¿Qué objeto tendría perseguir a una persona si no se tiene prevista la secuencia de acciones a seguir? Búsqueda es acción. La criatura tenía habilidades para planificar, lo que refiere autoconciencia funcionando a un nivel óptimo. Ahora bien, si el monstruo buscara a su madre quizá no la encontraría, porque Mary Shelley es nombre de casada. El apellido Wollstonecraft sería el disfraz perfecto para borrar las huellas de una maternidad no ejercida. La orfandad es una modalidad de locomoción: nacer es salir. ¿Quién podría actuar sin haber cruzado ese umbral? Rehusar los efectos de la movilidad nos aleja de la literatura, que es un ir hacia. ¿El paraíso perdido, el patíbulo o los interregnos? Lo responderá la crítica literaria. Dialogar con el cuerpo expresa un intercambio químico que actúa en silencio. Ejemplo: podemos disfrutar de nutridas mesas de novedades por la vitalidad de los autores. Así que el monstruo de Frankestein llegaría confundido a Roma, entre turistas chinos y japoneses, directo al Cimitero acattolico, donde reposan las cenizas de Percy Bysshe Shelley. “¡Alabada sea la eterna justicia del hombre!”, línea de la novela que exclamaría al confirmar que no son las del doctor Víctor. Al descubrir la impostura del oficio literario, capaz de crear padres de papel, lloraría debido a la confusión y el abandono, aunque tranquilo por haber emprendido la búsqueda.

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