Epístolas, General

Epístolas a ningún discípulo – 2

Luego de años de ejercerla, entiendes por qué se habla de la lectura como de un arte mayor. Exige concentración y un despliegue imaginativo que es una rareza en un mundo de velocidad y urgencias materiales. Reconocerse lector es una victoria contra la circunstancia. Implica pausar al mundo, dejar atrás un cosmos de distracciones y utilizar el tiempo de vida para recrear el pensamiento de los demás. Por esta elección te distanciarás de los deportes grupales y optarás por aquellos que te permitan lograr un crecimiento individual: ciclismo, atletismo, caminata. La pasión por los perros será temprana. Vislumbrarás en su candor un modo de ser distinto y una forma de interlocución fuera de lo común. En sus ojos late el misterio que todos intuimos y nadie se decide a perfilar. Pasados los años, incluso, serán motivo de algunas reflexiones más serias. Porque rastrearás tus motivos en la vivencia cotidiana y buscarás en la pulcritud de la escritura esa acreditación que no tienes de manera natural. Te salvará la obstinación, que no sueltas, y un gramo de talento. A la par, tu capacidad para ser respetuoso con los demás, salvo en contadas excepciones. El rigor y el rechazo a ser parte de intrigas y chismorreos te dará un lugar de distante/presente ─sutil paradoja. No será tu destino convivir con autores, de los que desconfías. Optarás por el silencio de los libros y el diálogo apacible de las obras. Llegado cierto punto, la falta de reconocimiento y el descrédito serán irrelevantes. Descubrirás el placer infinito de llenar una libreta de ensoñaciones y vislumbres, intuiciones y testimonios. En ellas nacerán las líneas que luego redescubrirás al construir tus libros. La convivencia con las libretas será el paso previo a descubrirte cercano a la grafomanía. No abandonarás la costumbre saludable de descubrir autores y libros olvidados. Tampoco el vértigo de la vida: casarse con una mujer especial y tener un hijo que habitó en tus sueños antes de siquiera concebirlo. Este es otro aprendizaje, no menos relevante que aquel que deriva de la palabra escrita. De un modo instintivo, sabes que en la vida hay misterios que no pueden entenderse a través de la lectura. Es necesario dar un salto y estrellarse o salir victorioso. Todo lo que vive un escritor puede transformarse en material para su obra. Un tropiezo en la calle, contraer una enfermedad venérea, asistir a una cita con el proctólogo. Lo que llaman “falta de imaginación” no es sino miopía avanzada. El autor no se “queda sin temas”: pierde la energía/disciplina para escribir. Se olvida del placer que produce ordenar un mundo de palabras. Un “autor profesional” que lea estas líneas podrá fruncir el ceño y pensar en la grandísima ingenuidad que no pude superar. Es lo que menos me importa. La vivencia del hecho literario roza más con la religiosidad que con el desarrollo de una actividad gobernada por el mercado. Los adolescentes desarrollan su educación sentimental a través de poemas y líneas sueltas. El desencanto con la literatura puede equivaler a que lo sea también con la vida misma. Aquel escritor que pierde su relación primordial con la palabra se convierte en un mercenario del lenguaje y las historias. Su cerebro funciona no para construir sino para socavar bolsillos. Te mantendrás firme en tu convicción, lo intuyo. No es fácil desprender a una persona de sus convicciones más profundas. La poesía es una voz interna que te acompaña, y no un volumen de arrumacos verbales y piruetas de circo. Jamás será cúmulo sino esencia: pre-esencia/presencia. Esa lectura temprana de clásicos apenas entendidos te mostrará que la vida puede ser más rica que el mero hecho biológico de vivirla. Es una posibilidad, en realidad. Estamos obligados a nutrirla con experiencias. Tendrás un distanciamiento de la religión y los saberes trascendentes. Es lo natural a esa edad. Una borrachera es más poderosa que mil oraciones. El descubrimiento del sexo, por su parte, te dejará boquiabierto. Querrás escribir el hecho y, entonces, descubrirás que hay deleites que no son verbales. Se estrellan contra una pared cuando alguien intenta escribirlos. Lo mismo te sucederá con la entrega. Las experiencias fundamentales no son transmisibles y tampoco acumulables: se confía una sola vez en el amor. En literatura se puede confiar en muchos autores. Y decepcionarse y volverse a encantar. Tendrás el coraje de abandonar a muchos y además olvidarte de ellos. Para descubrir el placer del hecho literario hace falta borrarse la memoria y empezar de nuevo. Habrá libros y autores en tanto exista el género humano. La pretensión de compartir un pensamiento es tan fuerte como el deseo de sobrevivencia. Quizá más fuerte aún. Tus primeras notas harán lo necesario para convencerte de que no tienes porvenir en las letras. Las frases carecen de sentido, hace falta fuerza a la expresión, las fallas gramaticales te hacen sonrojar nada más las lees de nuevo. No debes decepcionarte. Los ejercicios reiterados te harán ganar condición física y mental para iniciarte en carreras de largo aliento. Los primeros relatos sonarán huecos y optarás por olvidarte a ratos del oficio literario. Te abandonarás a más libros y luego a películas. En la calle intuirás una visión insólita que se reafirma. La urbe es el sitio del misterio y su confirmación. Serás un escritor urbano que suspira por la tranquilidad del campo, el cual te resultará inaccesible, al menos durante un largo periodo de tiempo.

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